Menschliche Walhalla - Ilion - Wounded Knee
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Wounded Knee
Sobre la nieve del invierno de 1890, los hombres blancos que a sí mismos se dieron leyes para protegerse y que impusieron otras a quien quisieron para obligarles a acatar su voluntad y zafarse de la verdad ocultando la mentira tras la justicia, demostraron una vez más la vileza de sus palabras y la hipocresía de sus hechos. Tras establecer acuerdos con los pueblos indios, nativos americanos, que deberían permanecer en vigor mientras la hierba creciera, y el agua corriera por sus cauces, decidieron sin embargo que había llegado el momento de cambiarlos o romperlos a su antojo, aplicando el castigo que viniera en gana a quien no acatara las nuevas órdenes. Así en febrero de 1890 el gobierno federal decidió que la Gran Reserva Sioux que por aquel entonces abarcaba la práctica totalidad de las tierras del estado de Dakota del Sur, debería repartirse en cinco pequeñas reservas indias, con el fin de dar cabida en el resto del territorio a los nuevos colonos blancos procedentes del este. Al tiempo se perseguía la finalidad de romper los lazos de unión entre las distintas tribus y además forzar a los indios a adoptar y acatar las costumbres de los hombres blancos, por propia voluntad o por la fuerza. Mediante un proceso de asimilación y sumisión se obligaba a los indios a desempeñar labores de agricultores y granjeros confinados en los límites de las reservas, contra su espíritu libre y nómada, y sus hijos eran obligados a ser escolarizados de acuerdo a los patrones culturales en vigor, prohibiéndoles su lengua, su cultura, y forzándolos a aceptar la religión cristiana frente a la de sus ancestros. El fracaso del proceso fue evidente a causa de la pobreza de las tierras que les fueron asignadas reservándose los mejores campos de cultivo para los granjeros blancos recién llegados. El calor estival y la carencia de precipitaciones causó una escasa cosecha en aquel año, lo que fue aprovechado por las autoridades para reforzar el prototipo racista que atribuía a los indios un carácter perezoso y haragán y recortar de este modo el suministro de raciones que el gobierno debía enviar a las reservas para alimentar a los indios recluidos en su interior. Ni siquiera la caza podía proporcionar a los indios el suplemento de carne que pudiera mantenerlos con vida ya que en su mayor parte, el bisonte americano había sido exterminado por la furibunda cacería de los hombres blancos en la expansión del ferrocarril y las explotaciones mineras que se fueron estableciendo en todo el oeste americano. Ante las hambrunas y la desesperación, los indios buscaron respuestas y consuelo en las tradiciones de los viejos chamanes y las danzas rituales proliferaron. La ignorancia y la prepotencia que veía en aquellos ritos ancestrales supercherías y supersticiones tan lejanos de las apropiadas celebraciones religiosas legadas a un pastor del desierto en la cima de una monte después de que le hablara una zarza ardiendo, hizo que el temor a una revuelta se extendiera entre los responsables y los guardianes de las reservas solicitando refuerzos militares ante posibles levantamientos indios. Aquel ambiente de desconfianza y temor encendió la llama del enfrentamiento que terminaría trágicamente a finales de año. Aquella situación no era sino la continuación de la persistente y estudiada estrategia cuya finalidad era reducir a los nativos americanos a la nada, alcanzando su exterminio de manera indirecta por inanición o bien de manera directa mediante repugnantes castigos y ejecuciones infligidos adhoc arteramente justificados en leyes injustas impuestas por una de las partes y de cumplimiento imposible, leyes que se cambiaban o alteraban al gusto de los hombres blancos en función de las circunstancias. Cuando se firmó el tratado de Fort Laramie en 1868 que les otorgaba a perpetuidad las Colinas Negras, el gobierno federal ignoraba que en su interior había oro, pero cuando fue descubierto y los Lakota se negaron a vender sus tierras, simplemente se les confinó en reservas privándoles de su libertad y sus posesiones, condenándolos a la miseria y el hambre. Reduciendo cada vez más las dimensiones de las reservas para satisfacer las presiones de los terratenientes y los colonos que un día tras otro ambicionaban más territorio, y con la voluntad expresa de poner fin al problema que suponían los costos de vigilancia y alimentación, la situación de las reservas se volvió insostenible en 1890, ya que como se diría en los ghettos judíos creados por los alemanes apenas cincuenta años más tarde, los seres humanos tardan demasiado tiempo en morir de hambre. Cuando en octubre de 1890 los Lakota creyeron que la visión del anciano chamán Wovoka, en la que las tierras les serían devueltas y el bisonte regresaría a las praderas, estaba próxima a cumplirse en la siguiente primavera, siguieron celebrando la Danza de los Espíritus, las autoridades de las reservas las prohibieron. El 15 de diciembre, Tatanka Iyotake (BisonteMachoSentado) fue asesinado en su cabaña mientras lo detenían en nombre del gobierno, y su medio hermano BigFoot (PieGrande) recibió la orden del ejército de encaminarse con su pueblo desde su reserva hacia un fuerte cercano. Los rigores del invierno habían causado estragos en los indios, pobremente alimentados, y el 28 de diciembre, el propio BigFoot (PieGrande) se encontraba enfermo de neumonía, pero aún así temerosos de la falta de honor de las tropas del ejército y sus gobernantes buscaron refugio en la tribu de Makhpyia-luta (NubeRoja), pero fueron interceptados por las tropas del mayor Samuel Whitside y conducidos a la colina de Wounded Knee. Allí al mando del coronel James W. Forsyth, los soldados, unos quinientos rodearon a BigFoot (PieGrande) y sus hombres, unos 350, entre ellos 120 mujeres y niños. El rumor de que serían conducidos a una prisión en Oklahoma donde las condiciones de vida deplorables hubiesen significado la muerte de todo su pueblo, fue tomado por certeza por parte de los indios al verse rodeados por el ejército. El 29 de diciembre con el fin de evitar disturbios y someter fácilmente a los Lakota, los oficiales americanos ordenaron el desarme de los miembros de la tribu, mientras se recogían las armas, el chamán YellowBird (PájaroAmarillo) comenzó a danzar reclamando a los espíritus la tierra de sus antepasados, convencido de que sus ropas lo protegerían de las balas, el alboroto crecía, y el guerrero BlackCoyote (CoyoteNegro) se negó a entregar su arma a no ser que le pagaran su auténtico valor, a causa de su sordera la incomprensión con los dos soldados que forcejearon con él para arrebatarle el rifle terminó con un disparo al aire, y entre la confusión cinco jóvenes guerreros empuñaron sus armas y apuntaron a los soldados para defenderse, el cruce de disparos fue inmediato, pero la falta de municiones de los indios, no puso fin a la batalla sino que los soldados del séptimo de caballería continuaron abriendo fuego. Después de menos de una hora, la polvareda se disipó y sobre las praderas se contaron unos 150 indios muertos y 50 heridos, mientras que los soldados contaron 25 bajas y 39 heridos. La llegada de una ventisca obligó a que sus cuerpos congelados permanecieran sobre la nieve sin ser enterrados hasta tiempo después. Todos fueron inhumados en una fosa común en la que contaron 84 hombres, 44 mujeres y 18 niños. Los oficiales al mando fueron destituidos de sus cargos y juzgados por un tribunal militar que si bien los reprendió por un comportamiento inadecuado no fueron condenados por ninguno de los crímenes cometidos. Hasta veinte medallas al honor fueron concedidas a los soldados participantes en la masacre. Puede que el número de muertos no parezca suficiente como para que el hecho pueda ser considerado una masacre, pero la muerte de mujeres y niños indefensos ateridos y hambrientos, despreciados por el color de su piel, es sólo el final de un camino que se inició con las llamadas guerras indias, en las que el objetivo final era despojar de todo cuanto tuvieran a los nativos americanos, en nombre del progreso, la civilización y la construcción de un país. Para las tribus indias, la tierra no era suya, ni el cielo, ni las nubes, ni el agua de los ríos, ni las montañas, para ellos todo eso era un regalo del Gran Espíritu, un obsequio que debían cuidar, para los hombres blancos, todo cuanto se halla ante sus ojos o ante sus pies, debe tener dueño, ... la tierra, los animales, las personas. |
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