Menschliche Walhalla - 01 de Febrero



Epicuro

EPICURO
Επίκουρος

La necesidad es un mal, pero no hay necesidad alguna de vivir con necesidad.

Nadie, al ver el mal, lo elige, sino que se deja engañar por él, como si fuera un bien respecto a un mal peor.

Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco.

Lo insaciable no es la panza, como el vulgo afirma, sino la falsa creencia de que la panza necesita hartura infinita.

Todo el mundo se va de la vida como si acabara de nacer.

El que menos necesita del mañana es el que avanza con más gusto hacia él.

También en la moderación hay un término medio, y quien no da con él es víctima de un error parecido al de quien se excede por desenfreno.

¿Quieres ser rico? Pues no te afanes por aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia.

Retírate dentro de ti mismo, sobre todo cuando necesites compañía.

El más grande fruto de la justicia es la serenidad del alma.

No es verdaderamente impío el hombre que niega los dioses que la multitud venera, sino aquél que afirma de los dioses lo que la multitud cree de ellos.

San
Epicuro

Filósofo
Samos, 341 a.n.e.
Atenas, 270 a.n.e.

Epicuro (griego:Επίκουρος) fue el fundador de la forma de la filosofía que lleva su nombre y que tuvo su sede en la escuela llamada El Jardín. Hijo de los atenienses Neocles, maestro de escuela y Queréstrates, adivina, nació, según Apollodoro el séptimo día del mes de Gamelion del tercer año de la 109 Olimpiada, es decir más o menos en Febrero de 341 a.n.e. Creció en la colonia ateniense de Samos y a la edad de 18 años se traslada a Atenas para recibir entrenamiento militar. Más tarde se unió a su padre en Colophon después de que los colonos atenienses de Samos fueran expulsados de Samos tras la muerte de Alejandro. Pasa los siguientes 20 años en Colophon, Lampsacus, Mitilena y Atenas, donde recibió las enseñanzas del platonista Jenócrates. /p>

Finalmente a la edad de 39 años, creyó llegado el momento de abrir su propio centro filosófico, El Jardín, nombrado así por el jardín que Epicuro poseía en Atenas y que usaba para impartir sus enseñanzas. El Jardín, junto a la Academia de Platón, el Liceo de Aristóteles y el Pórtico de Zenón, sería una de las cuatro grandes instituciones de la filosofía a lo largo de los siglos.

Epicuro dirigió su Jardín hasta la edad de 72 años, cuando muere por una retención de orina, atormentado por los terribles dolores causados por piedras en el riñón. El sucesor de Epicuro a cargo de El Jardín fue Hérmaco de Mitilena. Durante su vida escribió unos 300 ensayos, incluyendo 37 tratados de física, artículos sobre el amor, la justicia, las creencias fútiles de la gente en los dioses... A pesar de que solo han llegado hasta nosotros tres cartas y algunos pequeños fragmentos, las enseñanzas de Epicuro se han conservado a lo largo de los siglos gracias a los filósofos romanos Cicerón, Séneca, Plutarco y Lucrecio que estudiaron y comentaron a Epicuro en profundidad.

Siglos después, tras la adopción del Cristianismo como religión oficial del Imperio por Constantino, el Epicureanismo fue reprimido. Las teorías de Epicuro que afirmaban que los dioses, si existían, no se ocupaban de los asuntos de los hombres es irreconciliable con el dios judeo-cristiano.

Aunque las enseñanzas de Epicuro representan cierto despegue de los otros grandes pensadores, estaban basadas, de alguna manera en los mismos principios que Demócrito. Como él, Epicuro era un atomista, teorizando que los constituyentes fundamentales del mundo eran pequeños trozos de materia indivisible que volaban a través del espacio vacío. Todo lo que pasa o existe es el resultado de las colisiones aleatorias de estos átomos. Epicuro se diferencia de Demócrito al admitir que la dirección de "vuelo" de estos átomos puede no ser siempre completamente "recta", lo que le permitía evitar el determinismo implícito en el atomismo de Demócrito, y permitir cierto libre albedrío.

Epicuro admitía mujeres y esclavos en su escuela, y fue uno de los primeros griegos en romper con las tradiciones de adoración y temor a los dioses. Aunque reconocía que las actividades religiosas pueden ser útiles como ejemplo de vida agradable, enseñaba que se deben evitar falsas creencias sobre los dioses. Para Epicuro los dioses son inmortales y sagrados, simple y exclusivamente y carecen de cualquier cualidad humana. Por tanto los dioses no envían grandes males a los injustos y grandes bendiciones a los justos, que se comportan teóricamente a su imagen y semejanza, sino que simplemente los dioses no se inmiscuyen, en absoluto, en los asuntos humanos.

La filosofía de Epicuro se basa en la teoría de que todo bien y mal deriva de las sensaciones de placer y dolor. Lo que es placentero es bueno, lo que provoca dolor es malo. Placer y dolor son la base para la distinción moral entre bien y mal. La moral se convierte en un cálculo de beneficios y costes en términos de placer y dolor. Aunque Epicuro ha sido muchas veces mal interpretado como un mero buscador de placer, lo que realmente busca Epicuro es la ausencia de dolor, tanto mental como físico: un estado de satisfacción y tranquilidad que está libre del temor a la muerte y de la recompensa o castigo de los dioses. Cuando no se sufre dolor, ya no hay necesidad de placer.

Epicuro advierte contra el abuso de placer porque suele llevar al dolor. Por ejemplo, Epicuro recuerda que no se debe buscar el amor con demasiado ímpetu, sino mejor tratar de tener un buen círculo de amigos en los que poder confiar para poder alcanzar una vida tranquila.

Epicuro, en oposición a Aristóteles, pensaba que la muerte no debe ser temida: Cuando un hombre muere, ya no siente el dolor de la muerte porque ya no existe. Es decir, la muerte no es nada para nosotros, cuando existimos no hay muerte, y cuando la muerte existe, nosotros no somos; por tanto la muerte no es dolor ni placer. El temor por la muerte viene de la falsa creencia de que hay consciencia en la muerte.

En su epistemología enfatiza la importancia de los sentidos, y su Principio de Múltiples Explicaciones es una temprana contribución a al filosofía de la ciencia: si varias teorías son consistentes con los datos observados, es necesario mantener todas; por otro lado, si encontramos un caso para el cual no es suficiente teorizar una sola causa, sino varias, de las cuales al menos una será la correcta, hay que mantener todas las causas posibles hasta que puedan ser eliminadas.

Aunque muchas veces se ha tratado de enfrentar a los epicúreos con los estoicos, realmente hay pocas diferencias entre ellos, tal vez la mayor sea que Epicuro recomienda muy poco dedicarse a la política, ya que suele ser fuente de problemas; frete a la política Epicuro presenta la seclusión, algo parecido a las comunas contemporáneas. Los más conocidos versos de Epicuro, que resumen su filosofía son "vive secretamente, avanza por la vida sin llamar la atención sobre ti mismo"; es decir, vive sin perseguir la gloria, la riqueza o el poder, sino anónimamente, disfrutando pequeñas cosas, como la comida o la compañía de los amigos.

Tetrapharmakos, o "la cura en cuatro partes" es el principal enunciado de Epicuro sobre como vivir la vida más feliz posible. Esta doctrina poética fue legada por un epicúreo anónimo que resumió la filosofía del Maestro en cuatro simples líneas:

No temas a dios,
No te preocupes de la muerte;
Lo que es bueno es fácil de conseguir, y
lo que es terrible es fácil de aguantar.

La filosofía de Epicúreo ha resurgido en muchos pensadores y movimientos de Occidente a lo largo de los siglos. La llamada paradoja Epicúrea es un famoso argumento en contra de la existencia de un dios todopoderoso y providencial:

O bien Dios quiere eliminar las cosas malas y no puede, o puede pero no quiere, o ni quiere ni puede, o quiere y puede. Se quiere y no puede, es débil... y esto no se aplica a Dios. Si puede pero no quiere, entonces es malvado.. lo que también es ajeno a la naturaleza de Dios. Si ni puede ni quiere, entonces es a la vez débil y malvado, y por tanto no es un dios. Si quiere y puede, que es la única opción para un dios, ¿de dónde vienen las cosas malas? ¿Y por qué no las elimina?

Epicuro, como se ha dicho, no negó la existencia de los dioses, pero pensaba en ellos como fuera de esta paradoja, es decir como seres inmortales que habitaban la metakosmia, enormes espacios vacíos entre los mundos en la vastedad del espacio infinito.

Finalmente recordaremos que Epicuro fue uno de los primeros pensadores en desarrollar la noción de justicia como un contrato social: definía la justicia como un acuerdo "para no dañar ni ser dañado". El punto de vivir en una sociedad con leyes y castigos es estar protegido del dolor, de manera que se pueda buscar la felicidad. Por tanto, las leyes que no contribuyen a ayudar al hombre a buscar su felicidad, no son justas.

Enlaces e Información detallada:
Epicurus & Epicurean Philosophy
Epicurean Philosophy Online
Epicuro en la Stanford Encyclopedia of Philosophy