Menschliche Walhalla - 27 de Enero
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![]() TANIA NIKOLAIEVNA SAVICHEVA Татьяна Николаевна Савичева ![]() ANNELIES MARIE FRANK Sólo queda Tania (Tania Savicheva) Quisiera vivir muchos años, para poder explicarlo posteriormente. Mas sino se me concede este deseo, otro lo hará, otro continuará viviendo mi vida, desde donde terminó (Esther Hillesum) Es cierto que hay momentos en que uno cree verdaderamente no poder seguir más adelante. Pero después siempre se va adelante, también esto se aprende con el tiempo; pero el paisaje que tenemos alrededor aparece de improviso mutado, el cielo se vuelve bajo y negro, nuestro modo de sentir la vida sufre grandes mutaciones y nuestro corazón se vuelve completamente gris y milenario. Pero no es siempre así. Un ser humano es una cosa bien singular. La miseria que reina aquí es verdaderamente indescriptible. En las grandes barracas se vive como topos en una cloaca (Esther Hillesum) Me doy cuenta -dice-, que dónde quiera que haya seres humanos, hay vida... (Esther Hillesum) |
Santas Escritoras Bajo el frío invierno nació la pequeña hija de un panadero, sus ojos vieron la luz en la ciudad que un zar levantó por el sueño de un nuevo Versalles. Tania tenía cuatro hermanos, dos hembras y dos varones, y perdió a su padre cuando contaba seis años. Su infancia comenzó en el seno de una Rusia soviética, que había estrechado lazos con una Alemania que resurgía de sus miserias para hundirse en el profundo pozo de ponzoña, en que el nacionalsocialismo la hundiría durante una década. En el verano de 1941, cuando contaba 11 años, su familia se preparaba para pasar aquellos agradables meses en el campo, cuando la guerra, que hacía dos años que había comenzado en Europa, entró de lleno en sus vidas. El estado de emergencia nacional, causado por la invasión del 22 de junio por las tropas alemanas, aconsejó el permanecer a salvo en la ciudad. En muy poco tiempo, antes de la llegada del nuevo invierno, las fuerzas del eje habían cercado o se hallaban a las puertas de los tres núcleos más importantes de la Rusia occidental, Moscú, Stalingrad y Leningrad, allí Tania y su familia se vieron atrapados en el sitio levantado por el ejército alemán, al sur, y algunas unidades del ejército finlandés, al norte. Toda la familia, al igual que el resto de ciudadanos se ocupaba en los trabajos que podían para asegurar la defensa de la ciudad. Cosían uniformes, fabricaban municiones, construían defensas antitanque, o servían en la defensa aérea, a pesar de su corta edad, Tania cavaba trincheras para mantener el perímetro defensivo antes de los ataques. Su hermana Nina fue evacuada sin que el resto de su familia lo supiera y creyeron que había muerto. En aquellos días, bajo el fuego enemigo o el frío invierno, el hambre o las bombas causaban la muerte de cientos de personas sin que nadie supiera con certeza qué había sucedido. Su madre le entregó entonces un cuaderno que había pertenecido a su hermana, y Tania escribió en él algunas notas. [28 de diciembre de 1941, a las 12:30, Zhenya ha muerto]. Cada día, su hermana Zhenya se levantaba y acudía a fabricar minas en las instalaciones de la armada, y luego, cuando podía, acudía a donar sangre para los heridos.[25 de enero de 1942, a las 15:00, la abuela ha muerto]. A medida que el cerco permanecía como un dogal de acero, el número de fallecidos iba en aumento [5 de marzo de 1942, a las 5:00, Leka ha muerto]. Su hermano Leka falleció seis meses después de iniciado el sitio, y unos meses más tarde sus dos tíos también morían. [13 de abril de 1942, dos horas después de medianoche, tío Vasya ha muerto][10 de mayo de 1942, a las 16:00, tío Lesha ha muerto]. El hambre, la soledad, la desesperación envolvía la ciudad, el horror parecía no tener fin, ni los alemanes eran capaces de vencer la resistencia, ni las tropas del Ejército Rojo conseguían romper el cerco y liberar la ciudad. Sólo tres días después su madre la abandonaba [13 de mayo de 1942, a las 7:30, mamá ha muerto]. Ya no le quedaba nada en la vida, así que escribió las últimas anotaciones después de dejar constancia de la pérdida de todos y cada uno de sus familiares [Los Savichev han muerto. Todos han muerto. Sólo queda Tania]. En agosto de 1942, 140 niños fueron evacuados, entre ellos iba Tania Savicheva, cuidaron de ellos, los alimentaron con lo poco que había, pero de todos, sólo Tania falleció. Su hermano Mijail que no residía en la ciudad en el momento de iniciarse el cerco, y su hermana Nina, dada por muerta, sobrevivieron a la guerra y regresaron a Leningrad, eran los únicos supervivientes de su familia. Durante los procesos de Nürnberg los diarios de Tania, aquellas escuetas notas necrológicas, fueron utilizados por parte del fiscal soviético como pruebas del horror en que las fuerzas alemanas sumieron a la ciudad, en la que más de un millón de personas murieron por el hambre y los combates. Cómo pudo el azar unir dos vidas sin casi saberlo, sólo seis meses antes del nacimiento de Tania, en el corazón de la misma Alemania que más tarde las consumiría a ambas, nació la segunda hija de Otto Frank, Anne. Eran judíos, pero como muchos de los ciudadanos alemanes del mismo origen habían abandonado gran parte de las costumbres de su pueblo, y con el tiempo, habían acabado por compartir los mismos problemas e intereses que el resto de sus conciudadanos de religión cristiana. Como alemanes que eran, su padre Otto había combatido en la Gran Guerra en favor del Emperador Wilhelm II y había sido condecorado por ello. Durante la infancia de sus hijos procuraron que todos ellos disfrutaran lo máximo posible con la lectura, y se ocuparon especialmente de su educación. Sin embargo, el 13 de marzo de 1933 supuso un dramático golpe para la familia y todos los alemanes de origen judío, la victoria del partido nacionalsocialista abrió las puertas del infierno en toda la República de Weimar, los padres de Anne comprendieron en seguida cual sería su destino si permanecían en la tierra que habían amado. Así que un año después de aquello, Anne se mudó a Aachen en compañía de su madre y sus hermanos. Tras residir algún tiempo en casa de su abuela, su padre recibió una oferta de trabajo en Amsterdam y allí se trasladaron todos juntos, creyendo que podrían escapar de las humillaciones que el poder absoluto del partido nazi ejercía sobre los ciudadanos judíos con su política antisemita. Entre 1933 y 1939, unos 300 000 judíos abandonaron Alemania, la patria que los había visto nacer y por la que muchos de ellos habían dado su sangre en los frentes de batalla. Durante algunos años, la familia Frank llevó una vida tranquila y apacible en Holanda, hasta que los vientos de la guerra, que primero barrieron Polonia, golpearon abiertamente los Países Bajos, en mayo de 1940, el ejército alemán invadió Holanda en dirección hacia París. Pronto se repitieron las mismas penalidades que habían dejado atrás, segregaciones, humillaciones, detenciones. Ante el negro futuro, y sin encontrar un lugar seguro en Europa en el que poder permanecer, en abril de 1941 adelantándose a las leyes de confiscación de bienes, Otto Frank vendió sus empresas a sus socios y permaneció trabajando en ellas como asalariado aguardando tiempos mejores en los que poder recuperar sus propiedades. El 12 de junio de 1942, Anne recibió de sus padres como regalo un cuaderno que pronto convirtió en un diario. Unos días más tarde recibieron la notificación para su reubicación en campos de trabajo, pero habiéndose anticipado a aquella orden, prepararon un escondite para la familia en la parte posterior de la empresa donde trabajaba Otto Frank y que en otro tiempo le pertenecía. El 6 de julio de 1942 abandonaron su piso revolviendo todos sus enseres para dar la impresión de que habían huido precipitadamente hacia la frontera suiza, pero en realidad, se ocultaron. Sólo Victor Kugler, Johannes Kleiman, Miep Gies, y Bep Voskuijl conocían la verdad de su fingida escapada, y les socorrían en lo que podían. A diferencia de muchos otros que prefirieron dejar que el mundo cayera en una espiral de muerte y odio, aquel puñado de ciudadanos holandeses arriesgaron sus vidas, plena y conscientemente para mantener a salvo a la familia Frank. El 13 de julio, la familia van Pels también se refugió en la vivienda en la que permanecían ocultos los Frank, asumiendo todos el mismo destino, con las mismas esperanzas y riesgos. El hacinamiento y el miedo, bajo el que vivían permanentemente, fueron minando las relaciones entre los habitantes hasta el punto de provocar serias fricciones por el reducido espacio que debían compartir y los escasos alimentos que recibían de sus amigos, debido al racionamiento de la guerra. La última anotación del diario concluye el 1 de agosto de 1944, después de dos años de permanecer ocultos. El 4 de agosto, fueron detenidos tras la delación de un confidente anónimo, tras ser interrogados por la Gestapo, fueron enviados a Westerbork, un campo de internamiento de tránsito. Victor Kluger y Johannes Kleiman fueron detenidos y condenados a trabajos forzados, aunque la proximidad del final de la guerra aceleró sus situaciones, y Kleiman fue liberado siete semanas más tarde, mientras que Kluger continuó prisionero hasta el final de la guerra, los demás detenidos acusados de dar cobijo a judíos fueron liberados o amenazados pero no llegaron a ser condenados por ello. El 7 de agosto de 1944, Miep Gies, socio de Otto, intentó su liberación ofreciendo dinero a cambio pero su gesto fue rechazado. El 3 de septiembre la familia Frank fue deportada a Auschwitz, donde llegaron después de tres días de un viaje aterrador en tren, separaron a los hombres de las mujeres y la mitad de los pasajeros fueron enviados directamente a las cámaras de gas, puesto que Anne había cumplido 15 años sobrevivió igual que el resto de su familia a la llegada. Las duras condiciones del campo terminaron por conducir a Anne y a su hermana Margot a la enfermería, lugar cuyo punto de salida era la muerte, en la mayoría de los casos, mientras tanto su madre Eddith dejó de comer y reservó todo el alimento que podía reunir para entregárselo a sus hijas a escondidas. El 28 de octubre, 8 000 mujeres fueron reubicadas en Bergen-Belsen, entre ellas Anne y Margot, su madre sin embargo permaneció en el campo en el que moriría algún tiempo más tarde por inanición. Tras el traslado, Anne encontró a dos antiguas amigas, Hanneli Goslar y Nanette Blitz. En marzo de 1945, una epidemia de tifus acabó con la vida de 17 000 personas en el campo, la debilidad de Margot no fue capaz de superar la enfermedad y falleció, sólo unos días más tarde, también Anne moría en el campo de internamiento, sin saber que su padre Otto había sobrevivido a la barbarie. El 15 de abril de 1945, unas semanas después de su fallecimiento, el ejército británico liberó el campo, pero ya era demasiado tarde. En el mismo campo de Auschwitz donde sobrevivió el padre de Anne, estuvo confinada otra mujer holandesa, Esther Hillesum. No era una niña, sino que a sus 27 años, dotada de una gran inteligencia y valor, diplomada en jurisprudencia, conocedora de las lenguas eslavas, amante de la lectura y la filosofía, y estudiante de psicología, se ofreció voluntaria para trabajar como enlace entre el consejo hebraico, creado por las fuerzas de ocupación alemanas como órgano de control de los ciudadanos judíos que aún no habían sido detenidos, y los prisioneros del campo de Westerbork. Al tiempo que desempeñaba las funciones que le encomendaba el consejo, también se ocupaba en mantener la correspondencia privada de los familiares y los detenidos, de transportar medicinas y de informar a los miembros de la resistencia holandesa. Aunque sus contactos le ofrecieron en varias ocasiones la posibilidad de esconderse, a diferencia de otros países, en Holanda, gracias a sus ciudadanos honestos, más de 30 000 judíos lograron sobrevivir a las detenciones encontrando refugio entre sus amigos no judíos, ella, sin embargo, decidió que no podía abstraerse al sufrimiento de sus compatriotas y escapar a un destino que le estaba reservado, así que el 6 de junio de 1943 se entregó a las SS acompañando al resto de su familia. Tras algún tiempo en el mismo centro de detención, Westerbork, en el que había prestado su ayuda, fue deportada el 7 de septiembre de 1943 a Auschwitz. Sus padres fueron vilmente asesinados a su llegada al campo en las cámaras de gas, su hermano Mischa falleció el 31 de marzo de 1944, un músico altamente prometedor que a los 6 años era capaz de interpretar a Beethoven, su hermano Japp, sobrevivió al campo pero falleció 17 de abril de 1945 cuando regresaba a Holanda. Un informe de la Cruz Roja data el 30 de noviembre de 1943 como la fecha de la muerte de la propia Esther. Se estima que en el complejo de Auschwitz habrían muerto entorno a un millón y medio de personas, todas por igual, de distintas razas, ideologías y credos, todas tratadas como animales, todas humilladas y torturadas hasta el agotamiento, y la muerte. Durante años los ejércitos aliados angloamericanos, a pesar de conocer los informes recibidos por parte de la resistencia polaca, que se había infiltrado en el campo, soslayó siempre la posibilidad de bombardear las cámaras de gas o las líneas de ferrocarril, aduciendo prioridades estratégicas en otros frentes o dificultades de ejecución. Cuando el 27 de enero de 1945 los soldados del Ejército Rojo liberaron el campo no comprendieron completamente el horror que se albergaba en su interior. La última misiva que Esther mantuvo con sus allegados fue una tarjeta postal, dejada caer desde un camión de ganado, camino de su deportación, en ella nos dejó una pregunta para la que nunca seremos capaces de reunir el valor suficiente como para atrevernos a responder. Me esperaréis, ¿verdad? Enlaces e Información detallada: |
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