Menschliche Walhalla - 23 de enero
| Walhalla | IANVARIVS | Día Anterior | Día Siguiente |
![]() SERGUEI MIJAILOVICH EISENSTEIN Сергей Михайлович Эйзенштейн La profesión de director de cine puede y debe ser algo tan elevado y precioso, que ningún hombre pueda aspirar a ello, sin considerar que cualquier conocimiento lo hará un mejor director o ser humano. |
San Director teatral y cinematográfico Nació en uno de esos pequeños países del Báltico que siempre han estado sometidos al ir y venir de los vientos de la historia, y como tal, era hijo de un arquitecto de origen judío-alemán, y una mujer rusa. Tras una infancia en la que pudo aprender inglés, francés y alemán, además del ruso, se dedicó a las artes escénicas inclinándose por el teatro. Sin embargo a los 25 años, se sintió atrapado por la rigidez y artificiosidad en las representaciones, por lo que decidió dedicarse a un nuevo arte, el cine. En una Rusia donde la revolución bolchevique había salido triunfante, el cine se convirtió en un nuevo instrumento en el que las clases dirigentes vieron la posibilidad no sólo de educar a las masas en los nuevos valores del espíritu revolucionario, sino también de recrear las victorias de la lucha de clases al tiempo que conducir adecuadamente a la sociedad dentro de los principios que se habían levantado en toda la Unión Soviética. Inmerso en este influjo cultural que pretendía relanzar a la ciudadanía frente al elitismo intelectual del régimen zarista, Serguei puso todo de su parte para aprovechar la oportunidad que aquellos tiempos le ofrecían para experimentar con nuevas ideas creativas. Una actitud que no pocas veces le llevaría a enfrentarse con los productores, su entusiasmo vibrante y su afán liberador chocaba a menudo con los estrechos límites por los que los miembros del partido querían fijar su trabajo, en contraposición a sus ideales comunistas y revolucionarios. Entusiasmado con su nueva ocupación, en 1925, rodará dos de sus películas más famosas, Huelga (Stáchka), y el Acorazado Potiomkin (Bronienosiets Potiomkin). Ésta última marcará un giro completo en el concepto teórico de la acción cinematográfica, concediendo al montaje una gran importancia. En unos tiempos en los que el sonido en el cine aún quedaba lejos, Serguei, postuló que las imágenes no debían ser sólo una sucesión narrativa sin alma, sino que debían ser capaces de componer y resaltar las emociones con las que el director deseaba envolver su obra. En 1927, recibe el encargo de rodar una película que conmemore, el décimo aniversario de la revolución, y filma, Octubre (Oktiabr), sin embargo el éxito internacional que obtienen sus obras, es visto con recelo en su propio país, por miedo a que sus arriesgados montajes e ideas innovadoras, no sean demasiado acordes con la ortodoxia artística de los nuevos tiempos del realismo soviético clásico. Su fama le permitirá en 1928, viajar por Europa, dando conferencias y aprendiendo las técnicas sonoras que comenzaban a surgir en la industria del cine, en occidente. En 1930 recibe una oferta para trabajar durante un corto período de tiempo bajo las órdenes de la Paramount, pero sin embargo su experiencia americana en Hollywood no será todo lo enriquecedora que hubiera cabido esperar, del mismo modo que en su país natal, la política interfirió de manera decisiva en sus objetivos, y tuvo que enfrentarse allí también a las limitaciones que los productores imponían a su imaginación creativa. Su formidable y arrolladora personalidad tropezaba una y otra vez contra los impedimentos, esta vez, también mercantiles, de los estudios cinematográficos americanos, al tiempo que sus convicciones políticas eran consideradas sospechosas en los sectores más reaccionarios del país, con lo que en varias ocasiones sus proyectos fueron rechazados. Ante aquella situación, la Paramount y Eisenstein, llegaron a un acuerdo para rescindir su contrato, y preparar su regreso a Moscú, sin embargo, durante aquel tiempo, la industria soviética ya había iniciado su camino en solitario hacia el cine sonoro, y en su ausencia el formalismo artístico había vuelto a tomar el lugar que la imaginación de Serguei había ocupado durante algún tiempo. Así que con la sensación de fracaso a sus espaldas, decidió en el último instante aceptar la propuesta de Charles Chaplin para rodar un film en Méjico bajo el mecenazgo de Upton Sinclair, un benefactor americano, convencido socialista y admirador de sus obras. El 24 de noviembre firmó un contrato comprometiéndose a entregar el film acabado en abril de 1931, sin embargo, en aquella época sin haber hallado una idea clara sobre el contenido de su película, sólo pudo entregar una sinopsis, por lo que su rodaje se estaba encaminando hacia un nuevo fracaso. La complejidad del proyecto que llegó a acumular 60.000 metros de película, y los problemas derivados del férreo control que el gobierno de Méjico mantenía sobre ellos, acabó por causar un cruce de acusaciones que provocaría el enfado de Sinclair. La llegada de un telegrama el 5 de febrero de 1932, advirtiendo de la posibilidad de que Eisenstein fuese declarado desertor a causa de su prolongada ausencia, acabaron por exasperar los ánimos, y el proyecto se canceló, al tiempo que Serguei regresaba a Moscú. Su vuelta a la Unión Soviética estuvo marcada por el desasosiego y la tristeza, al no haber visto culminados ninguno de sus últimos intentos, además su llegada fue vista con malos ojos por las autoridades soviéticas y su conducta fue analizada con gran cuidado a partir de entonces, sin embargo en un nuevo intento por recuperar su talento creador se le encargó un nuevo film, El prado de Bezhin (Bezhin Lug), sin embargo, de nuevo volvió a mostrar sus mismas carencias, y del mismo modo que podía idealizar nuevas imágenes y conceptos, se topaba siempre con una magnitud de ideas que no era capaz de controlar, terminando por desbordarle, y acabando con la paciencia de los productores, alguno de los cuales pagó con su vida el fracaso de esta nueva película, bajo la férrea doctrina estalinista de aquella época. Finalmente, en 1938, en un desesperado intento por congraciarse con la jerarquía soviética, acepta el encargo de rodar su primera película sonora, Alexander Nevski (Aleksandr Nevskii), donde se refleja el enfrentamiento que en el siglo XIII se estableció, entre la orden teutónica germana y los rusos, por el control del Báltico y las estepas, premonición inesperada de los tiempos venideros. A pesar del éxito que supuso la glorificación de aquel antiguo héroe nacional, la película fue retirada después de algún tiempo con el fin de no entorpecer las relaciones que siguieron al Pacto de Acero entre la Alemania nacionalsocialista y la Unión Soviética. El estallido de la Gran Guerra Patria en 1941, hará que su desechado film sea proyectado por doquier para enaltecer y glorificar el espíritu nacional en su lucha contra el invasor alemán. La llegada de las tropas germanas a las puertas del Kremlin, obligan a su traslado hacia Asia Central, donde la aspereza de sus paisajes, le inspirará una nueva gran obra, Iván el Terrible (Iván Grosnii), basado en la vida del zar Iván IV. Si bien la primera parte, rodada en blanco y negro fue aprobada por las autoridades con el beneplácito del propio Stalin que se veía a sí mismo en la figura del poderoso zar, sin embargo, la segunda y tercera partes, La conjura de los boyardos, rodadas en parte en color, fueron confiscadas y en gran parte destruidas. Dos años después de aquella nueva decepción, en 1948, moría, caído en desgracia ante las autoridades. Serguei fue uno de esos hombres dotados de un espíritu que nos conduce a nuevos tiempos y que rompe siempre con el pasado, pero por desgracia, esas rupturas son siempre dramáticas y a veces violentas, pues del mismo modo que no se puede contener una corriente furiosa tras una presa, así bien, no se podía contener el talento irrefrenable de este hombre bajo los moldes de las normas artísticas y políticas, lo que al final no serían sino su perdición. Enlaces e Información detallada: Obra: |
| Walhalla | IANVARIVS | Día Anterior | Día Siguiente |