Menschliche Walhalla - 28 de Diciembre
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![]() AMELIA MARY EARHART Quiero volar. ¿Me enseñará? Debes entender que no me deberás ninguna lealtad medieval ni en modo similar estaré yo atada a ti (a G.Putnam, su marido) |
Santa Aventurera Cuando aún era el tiempo de las grandes proezas en solitario, cuando había un hueco para conseguir logros en un mundo que apenas conocíamos, cuando apenas faltaban tres años para la llegada de un nuevo siglo, en un remoto lugar de Kansas, en el seno de una familia rica y poderosa, nació la pequeña Amelia, cuya infancia fue todo menos 'femenina' o al menos según las maneras y costumbres por las que se regía su madre. Le gustaba usar pantalones, gran sacrilegio por aquel entonces, por la libertad con la que podía moverse, jugar y experimentar la vida en un tiempo en el que las cosas no transcurrían demasiado deprisa. En 1904, con ayuda de su tío construyó un tobogán desde el tejado de su casa, a imagen de la montaña rusa que había visto en St.Louis, la excitación que le produjo la sensación de deslizarse por el aire, la atraparía para siempre. A causa de las obligaciones del trabajo de su padre en el ferrocarril, sus padres se mudaron a Des Moines mientras ella permanecía en casa de sus abuelos con su hermano, sin embargo con 11 años visitando a sus padres vio el primer aeroplano en una feria estatal. Hasta 1909, fecha en la que se reúnen con sus padres, habían recibido una educación familiar lejos de las escuelas tradicionales, lo que le permitió acceder a largas horas de lectura de la biblioteca familiar, llena de viajeros, aventureros, soñadores y extraños y lejanos países, reales o imaginarios. La muerte repentina de su abuela, y el alcoholismo de su padre en 1914, obligado a abandonar su trabajo, marcaron el final de su infancia. Fueron años difíciles, la escasa fortuna de su padre para encontrar o mantener un empleo bien por causas propias o ajenas, la llevaron a Chicago. Allí concluye sus estudios secundarios en 1916, los ecos de la guerra en Europa resuenan cada vez más cerca. En la navidad de 1917, tras visitar a su hermana en Toronto y comprobar el estado en que regresan los soldados del frente se ofrece voluntaria para trabajar en la Cruz Roja. Acabada la guerra, los soldados regresan a casa, el nuevo arma, la aviación, ha dejado a muchos pilotos sin una ocupación, así que emplean su experiencia militar en actividades más pacíficas, las acrobacias aéreas. Durante una exhibición en Toronto, el espíritu de Amelia vuelve a retomar las sensaciones vividas en su infancia, y encienden la llama de un nuevo destino. Durante algunos años, intenta encontrar acomodo, se propone estudiar medicina, pero abandona y se reúne con sus padres en California, sabe que algo se está moviendo en su interior pero aún no ha conseguido comprender de qué se trata. La respuesta tan sencilla como arrebatadora la encuentra el 28 de diciembre de 1920, en un aeródromo de Long Beach, donde por primera vez, se sube a bordo de un aeroplano, y siente la impresionante sensación de alzar sus pies sobre la tierra y volar. Sólo serán diez minutos, pero a partir de entonces todo cambió en su vida. El 3 de enero de 1921 comienza sus lecciones de vuelo, para ello debe recorrer una larga distancia en autobús y luego caminar cuatro millas, además ha tenido que trabajar muy duro para ganar los mil dólares necesarios en tan poco tiempo. Sólo seis meses más tarde adquiere un aeroplano de segunda mano, y el 22 de octubre de 1922, sitúa el record mundial de altura conseguido por una mujer en 14.000 pies. El 15 de mayo de 1923, obtiene su licencia como piloto 6017 de la Federación Aeronáutica Internacional, es la decimosexta mujer que lo logra. Conocedora de sus limitaciones por la falta de aprendizaje acepta de buen grado las críticas de pilotos más experimentados y no ceja en proseguir practicando. En 1927, acumulaba 500 horas de vuelo en solitario sin percances de consideración. La pérdida de la riqueza familiar en inversiones poco afortunadas la obligan a aceptar variadas ocupaciones para mantener su afición por el vuelo, incluso debido a una intervención quirúrgica a causa de una enfermedad de carácter crónico la obligan a desprenderse de su primer avión. En aquel año, Lindbergh ha conseguido atravesar el Atlántico en solitario, así que una rica americana residente en Londres, lanza el desafío que alguna mujer tal vez quiera aceptar. Una tarde de abril de 1928, Amelia recibe una llamada telefónica con una sola pregunta ¿Querría sobrevolar el Atlántico?. Acepta sin reparos, sin embargo aquel vuelo distará mucho de ser lo que esperaba, pues se limita a viajar como acompañante de Wilmer Schultz y Louis Gordon, lo que la hace sentir más una pasajera que un verdadero piloto. Son los felices años veinte que terminan, la Gran Guerra ha concluido hace una década, pero mientras que Europa se prepara lentamente para saldar con sangre las viejas cuentas del otoño de 1918, en América los tiempos corren libremente y Amelia dedica su tiempo a escribir libros, reportajes, y publicitar ropa y artículos orientados a una nueva imagen de la mujer dispuesta a tomar el rumbo de sus vidas. Sin embargo aún desea hacer algo más, conseguir por sí misma una victoria que no pueda olvidarse. Tras casarse el 7 de febrero de 1931 con G.Putnam, mantiene con firmeza su independencia hasta el punto de que la prensa se mofa del ellos llamando a su marido por el apellido de ella, "Mr.Earhart". A los 34 años, tras partir el 20 de Mayo de 1932 desde Harbour Grace, alcanza las costas de Irlanda del Norte, tras 14 horas y 56 minutos de vuelo en solitario, aunque su objetivo era llegar a París, es la primera vez que una mujer ha atravesado el Atlántico en solitario y sin escalas. Los años siguientes conseguirá hazañas similares, Honolulú-California, Los Angeles-México D.F., Mexico D.F.-Nueva York. Su próximo objetivo sería circunnavegar el globo a bordo de un avión financiado por la Universidad de Purdue. Tras reclutar a la tripulación para el vuelo, el 17 de Marzo de 1937, despegaron de California con dirección a Honolulú, una ruta que conocía bien. Sin embargo la aparición de problemas mecánicos obligó a suspender el vuelo y regresar a California en barco. Aquellos pequeños contratiempos no la desanimarán en absoluto. El segundo intento de vuelo, comenzará en Miami, el 1 de Junio, pero esta vez el recorrido será en dirección opuesta, así recorren Suramérica, África, India, el sudeste asiático, y el 29 de Junio, ella y su tripulación llegan a Lae, en Nueva Guinea. Sólo faltan un par de etapas para lograr su objetivo. El 2 de Julio de 1937, Amelia y su navegante, despegan de Lae, con destino a Honolulú, sin embargo en las cercanías de las islas Nukumanu se pierde contacto con el avión, un Lockheed 10E, apodado Electra. A causa de algún error en la navegación o en el posicionamiento por radio se produce una desorientación en el plan de vuelo del que no regresaron. Durante cuatro o cinco días se escucharon intentos inteligibles de contacto por radio que se atribuyeron al avión y que harían suponer que fueron capaces de tomar tierra sin que pudiera determinarse su posición. Tras tres semanas de infructuosa búsqueda no se encontró ningún rastro del avión ni de la tripulación, desde entonces dos han sido las hipótesis que se han barajado, ambas de evidente factura, que o bien perecieron en el mar al acabarse el combustible o bien lograron tomar tierra en alguna de las pequeñas islas del Pacífico para fallecer posteriormente, en cualquier caso su desaparición permanece como uno de los mitos y misterios de la aviación que tanto nos han fascinado durante años. Amelia tuvo la fortuna de vivir en unos años en los que todo parecía posible, unos años en los que la gente creyó que el horror de las guerras podría terminar, y en la que se podrían alcanzar los cielos. Ella a su modo lo logró, fue la primera mujer en cruzar el Atlántico, la primera en hacerlo en solitario, la primera persona en cruzarlo dos veces en solitario, pero quizás aunque necesario para poder recaudar fondos con los que financiar sus viajes, eso no le importó demasiado, es posible que en sus vuelos sólo buscase recuperar la sensación primera de aquel vuelo en Long Beach. Ojalá pudiésemos compartir su valor aunque sólo fuera un instante para enfrentarnos a un mundo y una reglas que no nos gustan y volar tan lejos y tan alto como nos fuera posible por encima de las nubes que ocultan la tierra a nuestros pies y el cielo a nuestros ojos. Enlaces e Información detallada: |
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