Menschliche Walhalla - 25 de Diciembre
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![]() MIJAIL SERGUEIEVICH GORBACHIOV Михаил Сергеевич Горбачёв Los peligros aguardan sólo a aquellos que no reaccionan en la vida. Los americanos padecen una grave enfermedad, peor que el SIDA, el síndrome de los vencedores. Si lo que hiciste ayer aún te parece importante, es que hoy no has hecho suficiente. El asunto más importante de mi vida se ha cumplido: Hice todo lo que pude. Creo, como dice Lenin, que este caos revolucionario debe cristalizar en una nueva forma de vida. |
San Último Presidente de la Unión de Repúblicas Socialistas
Soviéticas Nacido en una familia de campesinos, tuvo que padecer la misma dura infancia que su generación, aquélla que siendo niños tuvo que enfrentarse súbitamente a la invasión alemana de 1941, debiendo abandonar su casa y buscar refugio fuera de su hogar. El final de la guerra dejó un período de hambre y precariedad que no hizo fácil la existencia para ninguno de los que lograron sobrevivir al desastre de una Europa devastada. Durante los veranos de 1946 a 1950, como miembro del Konsomol, Unión de Juventudes Comunistas, trabajaba como voluntario durante las tareas de cosecha en los campos de las granjas colectivas. Sin descuidar sus estudios, continuó ayudando a su padre en las tareas agrícolas lo que le valió la Orden de la Bandera Roja del Trabajo, a la edad de 16 años, algo poco frecuente en un muchacho joven. Pero tras esta etapa se marchó a Moscú a estudiar en la facultad de derecho a partir de Septiembre de 1950. Terminados sus estudios en 1955 y tras contraer matrimonio en 1953 con Raisha, regresó a su región natal para dedicarse a trabajar para el partido comunista. En 1961, muerto Stalin hacía casi una década, asistió al XXII Congreso del PCUS celebrado en Octubre, donde Kruschiov apostó por aumentar la productividad con el fin de mejor la calidad de vida en los hogares de la Unión Soviética en un intento por alcanzar y superar el bienestar de las sociedades capitalistas extendiendo sus beneficios no a unos pocos o a una mayoría más o menos afortunada sino a todos los ciudadanos sin distinción. Siempre dedicado a labores de gestión y administración de la producción agrícola fue adquiriendo más relevancia no sólo en su región sino también dentro del partido, llegando a ser en 1970, Primer Secretario en Stavropol, y al año siguiente fue elegido miembro del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética. Será en 1978 al ser nombrado Secretario del Comité Central para Agricultura cuando su figura comience a ser conocida en los aledaños del poder en Moscú. En aquellos tiempos, Yuri Andropov, nacido también en Stavropol, comenzó a mover los anquilosados sillones del poder del Comité Central renovando de modo lento pero efectivo a los miembros de la vieja guardia procedentes de la era Brezhnev, en poco tiempo el veinte por ciento no sólo de los ministerios sino de los gobiernos regionales habían sido renovados y ocupados por gente joven que a diferencia de sus antiguos camaradas no habían nacido bajo el poder del Imperio Ruso Zarista sino que habían experimentado desde su infancia la vida en la Unión Soviética, conocían sus virtudes y sus debilidades y parecían dispuestos a cambiarla. A la edad de 54 años, acaecida la muerte de Konstantin Chernienko, el 11 de marzo de 1985 fue elegido Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética y de facto, Presidente de la Unión Soviética. Tras los años de parálisis que habían supuesto la era Brezhnev y las breves presidencias siguientes, quiso poner en marcha un nuevo plan que revitalizara las ideas del período Kruschiov, restableciendo y fortaleciendo los lazos con Occidente al tiempo que impulsaba el nivel de vida de los ciudadanos soviéticos. Para ello, en el XXVII Congreso del PCUS, en Febrero de 1986, 25 años después de aquel congreso de Octubre, anunció las acciones clave que se harían famosas en todo el mundo glasnost (transparencia), perestroika (reconstrucción) y uskoreniye (impulso). Aquella primera decisión causó cierta preocupación en los miembros del partido que se resistían a cambios que veían demasiado repentinos. De igual modo el sector productivo se encontraba en una situación extremadamente delicada, básicamente por dos razones evidentes, mientras por un lado la seguridad del empleo y de los bienes básicos como luz, agua, gas, o electricidad estaban cubiertos por el estado, las tasas de productividad eran enormemente bajas y el desencanto de la clase obrera tan elevado que el alcoholismo era una amenaza preocupante para la seguridad laboral, al tiempo, los EE.UU. habían decidido abordar la Guerra Fría desde una perspectiva económica siguiendo los postulados ultraliberales de la Escuela de Chicago, de manera que se potenciara lo más enérgicamente posible una competición en recursos militares que si bien en el sistema capitalista dicho esfuerzo sería asumido por sus ciudadanos de clase media y baja con la pérdida de sus beneficios sociales sin que ello repercutiera en la estabilidad de un sistema ya de por sí desigual, en el sistema de economía comunista ésta provocaría un colapso a medio y largo plazo irremediable, al verse, por un lado moralmente obligados a mantener todos los servicios sociales universalizados como justificación de las virtudes del sistema, mientras por otro urgía dedicar todos los recursos industriales a la tecnología militar en lugar de emplearlo en bienes de consumo. Este desequilibrio productivo provocaría que el 80% de la industria soviética estuviese destinado a fines militares, causa evidente del desabastecimiento de bienes de primera necesidad. Ante aquella situación de riesgo, Gorbachiov decidió adelantarse al desastre e iniciar las reformas necesarias, algunas de ellas estudiadas durante las etapas anteriores pero con escaso desarrollo. Sus primeros pasos fueron por tanto audaces y tal vez peligrosos, en primer lugar realizó algunos cambios en los ministerios situando a hombres no solo de su confianza, sino también con su mismo espíritu, muchos de ellos con escasos lazos con la industria armamentística, con el fin de establecer acuerdos mutuos de desarme con Occidente que permitieran reequilibrar la producción industrial, de igual modo introdujo un severo plan de salud aumentando los precios de vodka, vino y cerveza y restringiendo su venta. Sin embargo los resultados no fueron los esperados, la vieja guardia continuó obstaculizando las nuevas medidas, siendo el accidente de Chernobyl, un claro ejemplo en el que las viejas costumbres de los miembros del partido se impusieron a los nuevos aires, ocultando y retrasando lo máximo posible cualquier información sobre el suceso, traicionando el espíritu de los nuevos dirigentes del partido. Pero puesto que la inercia de las cosas es más poderosa que su velocidad, del mismo modo que el sistema antiguo se negaba a moverse, los que sí se avanzaban comenzaban a movilizar a la sociedad hacia nuevos tiempos, aunque a veces estos no pudieran ser controlados. Hacia 1987, los choques entre la ambición de Boris Yelstin y Gorbachiov se agudizaron anunciando lo que sería su enfrentamiento final años después. Aquel mismo año, algunos de los primeros revolucionarios bolcheviques fueron rehabilitados, hombres como Bucharin o Trotsky volvieron a ser reconocidos como parte esencial de los logros de Octubre de 1917. Se continúo con la potenciación de la libertad de expresión y de prensa con el objetivo de que el debate y la discusión no fuesen vistos como una amenaza a los principios de la revolución, sino como una necesidad explícita que debía servir para mejorar y conducir los viejos ideales hacia nuevos tiempos. Con el fin de potenciar la libre elección se reformó el acceso al Soviet Supremo constituyendo el Congreso de los Diputados del Pueblo que lo eligió formalmente como Presidente de la Unión Soviética el 15 de Marzo de 1990. En aquellos días aún creía que podría cambiarlo todo desde sus cimientos sin que la libertad buscase su hueco. Las reformas emprendidas lo situaron en el filo de la navaja, los resultados de las elecciones dejaron fuera del poder a miembros del partido que se creían con derecho a ello, al tiempo la diversidad de naciones y pueblos que componían la Unión Soviética y cuya integración en los primeros años de la revolución había sido más o menos forzada y sobre la que los años más duros del stalinismo habían ejercido una presión inhumana veían ahora una nueva forma de expresarse, los ciudadanos veían más posibilidades para reclamar sus derechos, como mejorar su calidad de vida o su libertad de movimientos, en medio de aquel gigantesco avispero, a Mijail Gorbachiov se le acababa el tiempo, porque no se pueden corregir los errores de setenta años en una década y que todo siga igual que siempre. En noviembre de 1990, propuso la creación de la Unión de Repúblicas Soviéticas Soberanas con el fin de mantener unido el estado permitiendo más libertad a las repúblicas que la componían, pero ya era demasiado tarde. En marzo de 1991 en un último intento de salvar la unidad, se celebró un referendum en varias de las repúblicas, en las que el 76% de la población votó a favor de mantenerla, las repúblicas caucásicas, de una complejidad étnica y religiosa extrema y conflictiva, fuertemente castigadas en el pasado por Stalin, y las repúblicas bálticas que a lo largo de la historia habían pertenecido indistintamente a Alemania o Rusia y que durante la Segunda Guerra Mundial habían formado batallones que habían luchado del lado alemán se negaron a participar. A diferencia de los tiempos pasados, no empleó la fuerza ni reprimió más allá del mantenimiento normal del orden ninguno de aquellos movimientos como había sucedido en los años sesenta. El 19 de agosto de 1991 se consumó el peor de los escenarios posibles, miembros del Partido Comunista apoyados por elementos del Ejército Rojo, dieron un golpe de estado durante el descanso de Gorbachiov en su casa de campo en Crimea donde permaneció retenido. Aprovechando esta circunstancia, un hombre de escasas convicciones democráticas, dudosa moral y severamente alcoholizado como demostrarían los años posteriores, impulsado por una ambición desmedida, Boris Yeltsin, en aquella época Presidente de la Federación Rusa, se autoproclamó y erigió en salvador de la libertad y la democracia saliendo a las calles de Moscú para oponerse al golpe e incitando a la población a enfrentarse a las unidades del ejército sublevadas, en su propio beneficio. Derrotada la rebelión, en septiembre de 1991, aquellos que aguardaban agazapados la debilidad del temido oso soviético aprovecharon su momento, la mayoría de las repúblicas de la Unión Soviética proclamaron su independencia de forma unilateral aplaudidos con satisfacción por un Occidente democrático que una y otra vez defiende con vehemencia, cuando no por la fuerza, la unidad sacrosanta, eterna e inquebrantable de sus propias patrias. Mientras tanto Boris Yeltsin ilegalizaba el Partido Comunista en el territorio de la Federación Rusa, y el 5 de septiembre se disolvía el Congreso de los Diputados del Pueblo. El 25 de Diciembre de 1991, Mijail Gorbachiov renunciaba como último Presidente de la Unión Soviética, y aún tendría que soportar con infinita dignidad, cómo del modo más indecoroso, su despacho era ocupado por un impaciente Boris Yeltsin dos días más tarde, adelantándose al plazo de cortesía que expiraba en la medianoche de fin de año. El 1 de enero de 1992, el corazón de la Unión Soviética dejaba de latir, había pasado casi un siglo de ideales que debieron ser justos y eternos, vencidos por la crueldad de unos pocos que hicieron sufrir a millones. A pesar de su reconocimiento en Occidente, en su intento por regresar a la presidencia de Rusia en 1996, sólo obtuvo el 1% de los votos. A la vista del paso de los años, Mijail Gorbachiov, demostró ser uno de esos hombres repletos de buenas intenciones, cuya ingenuidad y confianza en la bondad humana no les permite ver la ambición en la manada de lobos de los que se rodean. Quiso cambiar un mundo, un sistema en el que creía, un modo de contemplar la vida y de buscar respuesta a los problemas de la sociedad creyendo que todos compartían su misma visión, un lugar mejor, más libre, más seguro, pero asentado sobre los mismos principios de justicia de la Revolución de Octubre, sin percatarse de que los cambios que originamos suelen despertar en el corazón de los hombres ambiciones que llevan ocultas durante largo tiempo, cambios que despiertan acciones que no podemos controlar. Se dejó engatusar con afable simpatía por un Occidente que no buscaba la mejora de un sistema político y económico con el que competía y cuyos aciertos podrían incitar en sus ciudadanos exigencias que estos no estaban dispuestos a aceptar, un sistema del que podrían haber aprendido lo suficiente como para mejorarse a sí mismos aprendiendo a renunciar a sus defectos, sino que antes bien buscó desesperada y constantemente su destrucción, aniquilación y desaparición en todas sus formas, fueran éstas, buenas o malas. Un mundo que deseaba más libertad, sólo si ésta venía envuelta en el dulce tacto del papel de la fábrica de moneda. Un mundo que al final sólo desea más y más dinero, más y más riqueza al precio que sea, cueste lo que cueste, sea la vida o la libertad, siempre que ésta sea la de los otros. Ojalá hubiera más hombres ingenuos, y ojalá estos hombres surgieran siempre en el momento oportuno. Enlaces e Información detallada: |
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