Menschliche Walhalla - 24 de Octubre
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![]() ABEBE BIKILA |
San Atleta En 1932, cuando Italia soñaba con las hazañas imperiales de tiempos pasados, de aquellas cuando Roma era el centro de medio mundo que se creía entero, nació en Mount, Etiopía, Abebe Bikila. Tras la segunda guerra mundial y el proceso de descolonización que liberó a los países de África de los poderes militares metropolitanos europeos, sirvió en la guardia imperial del Haile Selassie, hasta que llegaron los Juegos Olímpicos de la era moderna de 1960, que tendrían lugar en la ciudad de Roma, la ciudad eterna. Nadie conocía entonces a aquel hombre delgado y negro como el ébano, cuando durante las calurosas jornadas de verano de la ciudad capitalina, se inició la carrera de maratón. Nadie esperaba ver aquella figura escuálida correr descalza sobre el asfalto de sus calles. A medida que la noche avanzaba, de entre todos los corredores, se distinguió una figura enjuta y frágil que corría sin mayor protección para sus pies que la piel curtida en las tierras de Abisinia, y aquella noche, mientras las antorchas alumbraban las viejas calzadas romanas que en otro tiempo trajeron esclavos de todo el norte de África para mayor gloria de los sangrientos emperadores, mientras dos motocicletas de los carabinieri lo escoltaban y abrían paso durante su recorrido, por el mismo en que llegaron los bienes saqueados en las guerras coloniales de la Italia moderna, sus pies marcharon ante el obelisco de Axum tomado como botín durante la segunda guerra ItaloAbisinia, y bajo la mirada rendida de las piedras del foro, y el coliseo, entró triunfante como un emperador africano en el corazón de la noble Roma, batiendo el record del mundo, en 2h15m16.2s. A partir de aquel día todos supieron su nombre, Abebe Bikila, pero la leyenda no se detuvo allí, sino que cuatro años más tarde, en los juegos de olímpicos de verano de 1964 en la ciudad de Tokyo, de nuevo el mundo contempló la proeza de un hombre al que jamás habían visto, a pesar de su debilidad a causa de una operación de apendicitis realizada seis semanas antes de la carrera, que le obligó a limitar sus sesiones de entrenamientos, Bikila, esta vez calzado, repitió la hazaña que nadie esperaba volver a ver, a pesar de todo, batió de nuevo el record del mundo en 2h12m11.2s, causando el delirio entre el público que lo aguardaba exultante en el interior del estadio, y que no podía contener su alborozo al ver cómo tras cruzar la meta, tal que si no sintiera la fatiga de 42 quilómetros sobre sus piernas comenzó a brincar y palmear haciendo ejercicios gimnásticos, mientras otros corredores atravesaban la línea de meta completamente agotados y exhaustos. Pero si no es fácil alcanzar la gloria en un toda una vida, para obtener el infortunio sólo es necesario un instante, y en 1969, tras sufrir un accidente de circulación en Addis Abeba, sufrió una parálisis de cintura para abajo que lo dejó parapléjico, ya no volvería a recobrar la salud por completo, y a los 41 años de edad, a causa de una hemorragia cerebral consecuencia de las complicaciones del accidente, moriría uno de los más grandes atletas de larga distancia que jamás se hayan visto correr sobre la faz de la tierra y que fue capaz de humillar los sueños y ambiciones de los viejos emperadores romanos en sólo 2 horas y 15 minutos. Si bien Bikila moría en 1973, tras su victoria, nada ha vuelto a ser igual en las carreras de larga distancia desde entonces, hasta el punto de que hoy en día se consideran un terreno vedado a la mayor parte de los corredores que no procedan de Kenya o Etiopía, y prácticamente imposible para cualquiera de origen indoeuropeo. Desde aquellos veranos de los años sesenta, los ha habido más rápidos, más altos, más fuertes pero no los ha habido más grandes. Enlaces e Información detallada: |
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