Menschliche Walhalla - 20 de Octubre
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![]() MARIA ANNA CECILIA SOPHIA KALOGEROPÚLU Μαρία Κάλλας Primero perdí peso, luego perdí mi voz, ... ahora pierdo a Onassis. No me hables de normas, querido. Allí donde me encuentro, yo hago las malditas normas. Naces artista o no. Y siempre lo eres, incluso si tu voz ya no vale nada. El artista sigue siempre ahí. |
Santa Soprano En el Flower Hospital de Manhattan en el otoño de 1923, en el seno de una familia de origen griego emigrada a América nació una niña de nombre María Anna Sofía, apenas unos meses después de la llegada de sus padres a Nueva York. En aquellos años, 1929, su padre atendía una farmacia en la ciudad, mientras su madre, que en un principio había deseado que naciera varón, ahora, al descubrir su talento musical con apenas tres años, insistía en que aprendiera canto. Las desavenencias conyugales no sólo se mantuvieron desde la muerte del único hijo varón en 1922, sino que se acrecentaron, pues su padre desaprobaba la persistencia de su esposa en forzar la educación musical de su pequeña hija, María. La consecuencia inevitable de aquellos desencuentros, fue la separación del matrimonio y el regreso de María a Grecia, en compañía de su madre y su hermana. Los comienzos no fueron sencillos, el retorno a la tierra de los dioses no significó tocar el Olimpo, cuando acudió al Conservatorio Ateniense fue rechazada debido a su poca formación y su nulo conocimiento del solfeo, sin embargo su obstinada madre consiguió que fuera admitida como alumna en el reciente Conservatorio Nacional Griego. En apenas seis meses, su esfuerzo constante y su férrea disciplina la llevaron a modular su voz, gracias al buen tino de su maestra que supo ver en ella una soprano dramática. El 11 de abril de 1938, debutó por primera vez en un recital de la escuela, interpretando un dueto de Tosca. De nuevo se presentó a una audición al Conservatorio Ateniense, en esta ocasión a pesar de que aún no había alcanzado el tono y ritmo adecuados, decidieron aceptarla como alumna, sin embargo su madre solicitó que le concedieran un año de espera, el 2 de abril de 1939 se presentó de nuevo y en otoño de aquel año fue admitida plenamente en la clase de la famosa soprano Elvira de Hidalgo, gratamente sorprendida por sus progresos. Durante el tiempo que María Callas dedicó al estudio del canto lo hizo en cuerpo y alma, llegaba la primera y se iba la última, cuando le preguntaban el por qué de tanto esfuerzo, ella siempre respondía " ... incluso aunque seas el alumno más aventajado, el último de todos podría enseñarte algo que tú no serías capaz de hacer ...". Los años siguientes fueron especialmente duros, la guerra que recorría Europa y que llegó a Grecia de las manos de las humilladas tropas italianas amparadas por el victorioso ejército alemán, convirtieron la supervivencia en una arte más importante que la ópera, así que María se ganaba el sustento como podía haciendo pequeños papeles secundarios en alguna que otra representación, hasta que en Agosto de 1942, con Tosca de nuevo, obtendría su primer papel protagonista y su primer éxito reconocido. Durante los años siguientes hasta el final de la contienda, aprovechó su experiencia para adquirir su fuerza dramática y prepararse para su futura carrera fuera de Grecia. Contra el consejo de su maestra, en lugar de asentarse en Italia decidió regresar a América en busca de su padre. A pesar de ser aceptada por el Metropolitan Opera rechaza los papeles que le ofrecen y se dirige a Chicago donde prosiguió su exitosa carrera, hasta que tras algunos años viajó a Italia, donde el 19 de Enero de 1949 mostrará su enorme grandeza musical, pues a pesar de que en principio debería representar el papel de Brünnhilde en Die Walküre, la enfermedad de Margherita Carosio, la lleva a aceptar, no sólo mantener su papel, sino el de Elvira en I Puritani, de registros y exigencias abiertamente dispares, sin embargo, ella se atreve a pesar de sólo disponer de una semana para prepararlo. Aquel día actúa y Verona se rinde a sus pies, luego vendrá Milán, la Scala se derrumba entre aplausos, el 7 de diciembre de 1950. Finalmente hace su debut en el Metropolitan Opera de Nueva York, han pasado varios años desde que había partido de su hogar, ahora regresa como una reconocida cantante de ópera pero también comienzan a percibirse los ecos de una vida que se irá tejiendo alrededor de su arte, la distante relación que mantiene con su madre desde hace años resurge en público con más interés que el de sus representaciones. Su carácter hasta entonces tenaz y volcánico se resiente cuando el 2 de enero de 1958, su voz le falla durante una representación ante el presidente de la república italiana en Roma, llegando incluso a retirarse del escenario, en la que parte del público la abuchea. Sólo un año después, en 1959 abandonará a su marido para unirse sentimentalmente al magnate griego Aristóteles Onassis, con el que comenzará una relación tortuosa que irá minando su carácter y que afectará a su voz. Durante la representación de Medea el 11 de Septiembre de 1961, comienzan a escucharse pitidos al percibir que su voz no es la de antes, en un arrebato de pasión incontenible, y en el punto en el que debería entonar ... Crudel!. Ho dato tutto a te ... se volvió hacia el público espetándoles aquellas palabras con furia. Los silbidos cesaron de inmediato y al final de la representación, el auditorio se puso en pie alborozado en aplausos, el último reconocimiento a una mujer que aprendió a ser divina y que alcanzó el Olimpo del que comenzaba a descender. Durante los años siguientes las representaciones se espaciarán y su voz comenzará a olvidarse poco a poco. Pero el golpe definitivo a su vida vendrá de la mano del hombre al que amaba con pasión, el 20 de octubre de 1968, Onassis la abandona para siempre para casarse con la viuda del fallecido presidente de los Estados Unidos, J.F.Kennedy, causándole un dolor indescriptible y del que no se recuperaría jamás. Aquella pasión desbocada con la que intrepretaba sus papeles y que era la misma con la que había amado y vivido se fue apagando con su voz. Sus giras en los años siguientes serían desastrosas. El 11 de Noviembre de 1974, cantó por última vez en Sapporo, y allí, cuando el telón descendió suavemente sobre el escenario su figura quedó oculta tras la cortina, el mundo dejó de oírla, y murió la suprema voz. La soledad fue su compañera durante los pocos años que transcurrieron hasta su fallecimiento en París en 1977 de un ataque cardíaco, un corazón que se había roto en pedazos en dos ocasiones, cuando su amor la abandonó y el mismo día que fue consciente de que su voz había dejado de ser la que tantos habían amado con la misma intensidad con la que ella cantaba. Como ella mismo dijo Nadie puede sustituir a la Callas, verdaderamente, María, nadie podrá. Enlaces e Información detallada: |
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