Menschliche Walhalla - 07 de Octubre
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![]() EUGEN BERTHOLD FRIEDRICH BRECHT La sociedad no podrá compartir un medio de comunicación común mientras esté dividida en facciones combatientes La guerra es como el amor, siempre encuentra su camino (Mutter Courage und ihre Kinder) General, el hombre es muy útil. Puede volar y matar. Pero tiene un defecto: Puede pensar |
San Poeta y dramaturgo Desde 1908 hasta 1917 asistió a la escuela en Augsburgo, más tarde comenzó a estudiar medicina, pero igual que toda una generación europea en los comienzos de un nuevo siglo repleto de oportunidades que parecía desperezarse del adormecido siglo XIX al que dieron en llamar romántico pero que no era sino un valle de tinieblas y oscuridad en el que la ciencia se abría paso, fue llamado a filas para servir como asistente sanitario en la primera guerra mundial. Todos los jóvenes que marcharon plenos de vida, regresaron marcados por la guerra, algunos volvieron enloquecidos, otros regresaron hastiados y aborrecidos, muchos volvieron como cadáveres despedazados y otros se perdieron para siempre en las llanuras de Bélgica, Flandes, Francia o Rusia. Al acabar la guerra en 1919, tuvo un hijo, Frank, que moriría en el frente ruso en la siguiente guerra, en 1943. A partir de entonces, abandonó definitivamente la medicina y viajó a menudo a Berlín donde comenzó a frecuentar a la gente del teatro y de la escena literaria, de modo que en 1924 comenzaría a trabajar como dramaturgo junto a Karl Zuckmayer en el Deutsches Theater de Max Reinhardt. A partir de entonces su labor fue incesante, el contacto con las vanguardias del Berlín de entreguerras que se liberaba de la presión moral y social que había resultado ser el poder de Prusia durante la fundación del imperio en 1870, hizo que tras las penurias de la guerra nuevos vientos soplaran en la ciudad, los efectos de la triunfante revolución soviética lo acercó a artistas socialistas con los que entabla amistad, gentes que poco a poco comienzan a influir en sus ideas, como la que establece con el compositor Hanns Eisler y que durará toda la vida. El pensamiento Hegeliano, y las obras del discípulo de éste, Karl Marx, comienzan a empapar su obra. A los 30 años alcanza el mayor éxito teatral de la agonizante República de Weimar, con La ópera de cuatro cuartos. Conocedor de la enorme influencia de un medio como el teatro, Brecht pone todo su empeño en mostrar sus ideas a través de sus obras empujando al público hacia la reflexión y el análisis de la sociedad en la que viven, mostrándoles descarnadamente la realidad que los rodea. La llegada del cine hace que también vea en él un nuevo escaparate a su ideario, en 1932, el filme Kuhle Wampe expone las opciones que el comunismo puede ofrecer a un pueblo alemán que tras el derrocamiento del emperador, y sobreviviendo a duras penas bajo el tratado de Versalles busca su nuevo lugar en el orden europeo gobernado por imperios en desguace. Para horror suyo, en 1933, esa misma Alemania parece encontrar la respuesta a todas sus dudas en la parafernalia y pensamiento nacionalsocialista, cuando a la representación de su obra La toma de medidas interrumpida por la policía, y la detención de los organizadores bajo la acusación de alta traición, sigue el incendio del Reichstag, el 27 de febrero, Brecht decide al día siguiente abandonar Berlín, y huir del país, a través de Praga, Viena y Zürich a Skovsbostrand cerca de Svendorg en Dinamarca donde residirá cinco años. Durante aquel año de 1933, al igual que muchos otros, sus libros serán quemados por los nacionalsocialistas como si el fuego pudiese ahogar el pensamiento. No le bastaba con escribir, necesitaba exponer sus opiniones a través de sus obras, así que durante los años siguientes su situación económica se hace más difícil, teniendo que viajar a Londres, París, o Nueva York para que puedan ser representadas. En 1939 se marcha de Dinamarca y se instala durante un año en una granja cerca de Estocolmo. Su periplo no termina ahí sino que en 1940 viaja a Helsinki, época en la que escribe La vida de Galilei, hasta que en el verano de 1941 mientras las tropas alemanas avanzan hacia la Unión Soviética, viaja desde Moscú hasta Vladivostok en el transiberiano, donde se embarca hacia California, asentándose en Santa Mónica, cerca del mundo cinematográfico en el que ve el sustituto ideal al teatro y con el que poder continuar con su labor mostrando sus ideas a un número cada vez más creciente de público posible. Pero aquellos no fueron buenos tiempos para él, lejos de sus grandes sueños de dramaturgo convertido a guionista de cine desde el que poder instruir a las masas, sus obras apenas son representadas en teatros menores en la mayoría de los casos en escenarios de emigrantes, lo que le hace autodescribirse como un "maestro sin alumnos", ya que la sociedad americana asentada sobre su propia concepción de la historia y la realidad, tras abandonar las miserias de la gran depresión comienza a desarrollar su poderío económico deseando alejarse lo máximo posible de cualquier acontecimiento cultural que le haga recapacitar sobre las situaciones del pasado que desea olvidar fervientemente, y que sólo busca en el cine un tiempo de distracción. La segunda guerra mundial en la que pierde a uno de sus hijos, se extiende por toda Europa, la derrota del ejército alemán se avecina, y el poder del Ejército Rojo comienza a percibirse en occidente no como la potencia de un aliado sino como la arrolladora fuerza de un enemigo que podría terminar por conquistar todo el continente sino se le detiene a tiempo, por lo que una vez acabada la guerra, la utilidad de aquella alianza de conveniencia deja de tener sentido, y en el mundo comienzan a formarse nuevas alianzas para detener el comunismo. Cuando la paranoia anticomunista se extiende por los Estados Unidos de América, no tarda en alcanzar el mundo del cine y las letras donde las personalidades más librepensadoras de la época son abiertamente acusadas de traición y conspiración, sus ideas socialistas lo llevarán el 30 de octubre de 1947 a ser interrogado por el Comité de Actividades Antiamericanas y su nombre será incluido en las listas negras de Hollywood, negándole con ello cualquier posibilidad de subsistencia como autor teatral. Y como había hecho algo más de una década antes, a la primera señal de peligro decidió abandonar América. Regresó a París y de allí a Zürich donde residió durante un año, curiosamente el nuevo país surgido de la Alemania partida y repartida, aquel que los aliados autoproclamados del mundo libre habían creado a su imagen y semejanza, la República Federal Alemana, le había prohibido la entrada impidiéndole regresar a su patria de nacimiento. Tres años después obtuvo la nacionalidad austriaca. Como un viajero errante, desde los días en que dejó Berlín, en 1933, finalmente, a comienzos de 1949, usando un pasaporte checo llega a Berlín Este a través de Praga. Fijó su residencia en Weissensee, y alcanzó el puesto de director general del Deutsches Theater, y en otoño de aquel año fundó con Helene Weigel, su esposa, el Berliner Ensemble. Como había hecho siempre su afán por implicar a la sociedad en los problemas de su tiempo y mostrar la realidad de su entorno lo hacen comprometerse aún más si cabe con el teatro. Pero también entonces halló algunos problemas con el Partido Unificado de Alemania de la DDR. En mayo de 1956, ingresó en el hospital Charité de Berlín enfermo de gripe, el 14 de agosto, moría a causa de un ataque al corazón, no sin que se sospeche que su muerte pudiera estar causada por la policía secreta, la temida Stasi, a través de un tratamiento mortal deliberado de su afección coronaria, por haber provocado el enojo de algún dirigente importante del estado. Su vida es un fiel reflejo de la Alemania que ha cruzado este siglo que nos ha dejado, entre la gloria y el desastre, un país que en 1870, hace más de un siglo, se forjó así mismo en el acero de un reino prusiano que no deseaba quedarse atrás en una era dominada por el imperialismo y el colonialismo, y que por dos veces se vio abocado a sendas guerras brutales, patria de grandes pensadores y artistas, cuna de enormes y salvajes atrocidades, una nación que por ser imperio entregó sin pestañear a la mejor juventud de su tiempo, generaciones que a la vez vieron florecer lo más importante del espíritu intelectual de su época en multitud de campos de la cultura y la ciencia. Su vida vagabunda es también el espejo de una Alemania que fue troceada, partida, desmembrada y despedazada, que tuvo su ruptura fulminante el 7 de octubre de 1949, una separación furibunda, hasta el punto de que se la obligó a enfrentarse entre sí en una guerra fría entre hermanos, alejados por hormigón y alambre de espino, simplemente porque eso convenía a los intereses y al poder de otros, una Alemania a la que se le exigió tomar partido sin dudar, sin rechistar, y sin objeción alguna por una de las dos facciones que enfrentaron al mundo durante medio siglo, y en el que tuvieron que escoger bando sin importar el precio y el dolor que pagarían por ello, del mismo modo que él, tras intentar regresar a la Alemania que había abandonado en 1933, se tuvo que conformar con volver a la mitad de aquella patria que había quedado atrás mientras la otra le negaba la entrada, y ni siquiera eso bastó, también aquel pequeño rincón del mundo, fue incapaz de soportarlo durante mucho tiempo, ya que el talento de los hombres que pueden pensar por sí mismos, siempre es peligroso para los que temen perder todo lo que atesoran con vano afán. 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