Menschliche Walhalla - 8 de Agosto
| Walhalla | SEXTILIS | Día Anterior | Día Siguiente |
![]() DAVID HILBERT Wir müssen wissen, wir werden wissen (Debemos saber, sabremos) Aus dem Paradies, das Cantor uns geschaffen, soll uns niemand vertreiben können ¿Quién entre nosotros no estaría contento de levantar el velo tras el que se esconde el futuro; observar los desarrollos por venir de nuestra ciencia y los secretos de su desarrollo en los siglos que sigan? ¿Cual será el objetivo hacia el que tenderá el espíritu de las generaciones futuras de matemáticos? ¿Qué métodos, qué nuevos hechos revelará el nuevo siglo en el vasto y rico campo del pensamiento matemático? Bien, no tenía demasiada imaginación para ser matemático. (Respuesta a un comentario en el que se decía que uno de sus alumnos había dejado las matemáticas por la poesía) |
San Matemático Cuando Alemania aún no era la unión de todos los alemanes, pero era una vasta región que abarcaba desde las montañas de Francia hasta las costas del Báltico más allá de los campos de Polonia, en la ciudad que un día conoció a un filósofo que más parecía un reloj que un pensador, David nació siendo el segundo hijo de un jurista destinado a la Prusia Oriental en los años anteriores a la creación del Segundo Imperio Alemán por Bismarck. El final del siglo XIX rebullía bajo el empuje de un político de mano de hierro que ansiaba crear un nuevo estado en el que toda Alemania fuese una, para ello era preciso que la ciencia y la técnica creciesen de manera precisa y extraordinaria. Y en aquellos años, en 1872, David asistió al Friedrichs Kollegium el mismo al que había asistido Kant 140 años antes, sin embargo la experiencia no fue de su agrado y fue transferido al Wilhelm Gymnasium de un perfil más científico, y fue allí donde se graduó finalmente en la primavera de 1880. Puesto que de sus estudios sólo le interesaban las matemáticas, decidió continuarlos en Königsberg en esa rama científica, con 18 ingresó en la universidad, conocida como Die Albertina, la misma en la que estuvieron Jacobi o Bessel. La fortuna se alió para que conociera y trabara amistad con Hermann Minkowski, Hermann era dos años más joven que él pero su gran capacidad le había permitido graduarse en el instituto mucho antes que sus compañeros y tras tres semestres en Berlín, regresó en 1882 a su ciudad natal e ingresó en la universidad. Aquella amistad no era del agrado de sus padres, pues Hermann era un judío de origen lituano. En 1884 se produjo una nueva circunstancia afortunada, la llegada desde Göttingen, como profesor asociado de Adolf Hurwitz, entre los tres el genio creador de las matemáticas se puso en marcha en un recóndito paraje de la Europa continental junto al frío y helado Báltico. En 1885, bajo la dirección de Ferdinand Lindemann, Hilbert se doctoró con la ponencia titulada Über invariante Eigenschaften spezieller binärer Formen, insbesondere der Kugelfunktionen (Sobre las propiedades invariantes de las formas binarias especiales, en particular las funciones armónicas esféricas). Durante los dos años siguientes realizó algunos viajes de estudios, desplazándose a Leipzig, donde conoció a Felix Klein, con el que mantendría a lo largo de su vida una amplia correspondencia científica, al final de aquellos viajes regresaría a Königsberg donde trabajaría como profesor hasta 1895. Entre tanto en 1892 contrajo matrimonio con Käthe Jerosch, con la que tuvo un hijo en 1893, Franz, por desgracia nació con una enfermedad mental que limitó sus capacidades intelectuales, lo que le causó una profunda tristeza. En 1895, Felix Klein propuso su nombre para trabajar en la universidad de Göttingen, el hogar eterno de las matemáticas a finales del siglo XIX, en toda Europa en aquellos tiempos no habría habido sobre la faz de la tierra ningún otro lugar donde un matemático hubiese querido estar, por ella habían pasado Gauss y Riemann, y entre sus estudiantes estaban Hermann Weyl, Ernst Zermelo o Emmy Noether, el alma de toda la matemática que serviría como soporte de los avances en Física durante la primera mitad del siglo XX. Tenía entonces 33 años y al comienzo notó sensiblemente la gran diferencia de carácter entre su ciudad natal y su nuevo hogar, había perdido parte de la libertad creativa que había podido expresar en sus comienzos y que ahora el rigor académico procuraba controlar bajo normas más estrictas. El cambio de siglo tuvo dos grandes acontecimientos científicos, uno de ellos afectó a la física y permitió que se reunieran en un mismo lugar Marya Sklodowska Curie, Albert Einstein, Henri Poincaré, o Max Planck entre otros, durante el primer congreso de Física Solvey, el 30 de octubre de 1911 en Bruselas, pero una década antes en París, en el Congreso Internacional de Matemáticas de 1900, se reunieron los mejores matemáticos de principios del siglo XX, y allí el 8 de agosto, David Hilbert propuso 23 problemas para hacer reflexionar a sus colegas sobre los avances de la matemática. Se trataba de sacudir una ciencia que estaba acartonada aunque en constante crecimiento, que había despertado con las grandes escuelas matemáticas de la Francia Revolucionaria de 1789 pero que necesitaba aclarar y pulir cuestiones que definieran claramente el límite de conceptos como axiomas o teoremas. Por primera vez desde los tiempos de Euclides, Hilbert se atrevió a establecer los principios básicos de la geometría, definiendo con claridad cuales debían ser sus axiomas y cuales las nociones que a partir de ellos debían construirse firmemente como resultado de la capacidad racional y lógica de la mente humana. Pretendía en última instancia, que la matemática abandonase intuiciones y aceptase los retos de encontrar respuestas a creencias aceptadas durante siglos, se trataba de probar la firmeza de la matemática como lenguaje coherente y exacto de la descripción de la abstracción humana que conforma nuestro pensamiento. Entre 1902 y 1939 se convirtió en el editor de la publicación Matematische Annalen, la edición de artículos matemáticos más importante de la época. En 1909, sufrió un fuerte golpe con la muerte de su más importante amigo, Hermann Minkowski. Durante los años siguientes siguió al frente de sus trabajos, en 1933, la universidad de Göttingen y la ciencia y cultura alemanas en su conjunto sufrirían un terrible ataque que pondría fin a casi un siglo de esfuerzos por el progreso y el conocimiento humanos, la llegada del partido nacionalsocialista al poder obligó a miles de grandes científicos alemanes de origen judío a abandonar primero sus cátedras, luego sus trabajos, y finalmente conducirlos al exilio, cuando no a la muerte. Poco a poco la universidad que él dirigía se fue vaciando de aquellas mentes privilegiadas a las que había tenido el honor de enseñar y con las que había tenido la inmensa fortuna de aprender. Cuando en 1934, apenas un año después, el nuevo ministro de educación durante un banquete de celebración en Göttingen le preguntó cuáles eran las perspectivas de la matemática alemana ahora que había sido barrida toda la escoria antialemana, David Hilbert se limitó a responder con tristeza Das gibt es doch gar nicht mehr! (¡[Las matemáticas,] Ya no queda nada de todo eso!). Hilbert viviría aún una década más para ver desaparecer ante sus ojos todo el saber de una Alemania que él había visto surgir desde su pequeña localidad en su Prusia natal, hasta convertirse por dos veces en Imperio, de toda la cultura que él había ayudado a construir, la mayor parte fue destruida o se perdió para siempre, parte pudo salvarse más allá de sus fronteras, porque el valor de lo que dejó estaba en las mentes de sus alumnos y colegas con los que había trabajado durante toda su vida. Murió en febrero de 1943, cuando la guerra comenzaba a levantar en el este el muro de la derrota contra el que se estrellaría el ejército alemán, a su funeral sólo asistieron unos pocos amigos, los demás habían escapado de la estupidez humana, David no vivió para ver cómo su hogar, junto al Báltico, patria de Kant, dejaba de ser Prusia para convertirse en Rusia, el precio de la ignorancia humana convertida en guerra. Hilbert nos dejó un gran número de nuevas ideas y logros para la matemática de los que la mayoría no llegaremos a entender ni el enunciado. Nos presentó las bases firmes con las que construir en la Física conocimientos que hoy hacen posibles muchas de las cosas, a veces terribles, a veces afortunadas, con las que vivimos, pero en realidad, cuando David Hilbert propuso en aquel verano de 1900, en el comienzo de un siglo que ya murió, sus 23 famosos problemas, se trataba de llegar a comprender qué es lo que realmente sabemos. Algunos de los problemas propuestos han sido resueltos, otros sólo parcialmente, y alguno sigue abierto, no todos suponían una afirmación, no se trataba de demostrar que eran verdad, sino de demostrar cuál era la verdad, lo que importaba era simplemente... saber. Enlaces e Información detallada: |
| Walhalla | SEXTILIS | Día Anterior | Día Siguiente |