Menschliche Walhalla - 05 de Agosto



Carmen Barrero Martina Barroso Blanca Brisac y Enrique García Julia Conesa Ana López Dionisia Manzanero Luisa Rodríguez

Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada. Adiós, madre querida, adiós para siempre. Tu hija que ya jamás te podrá besar ni abrazar... Que no me lloréis. Que mi nombre no se borre de la historia.

Voy a morir con la cabeza alta... Solo te pido... que quieras a todos y no guardes nunca rencor a los que dieron muerte a tus padres, eso nunca. Las personas buenas no guardan rencor.

¡Viva la República!

Santas
Carmen Barrero Aguado, Martina Barroso García, Blanca Brissac Vázquez, Pilar Bueno Ibáñez, Julia Conesa Conesa, Adelina García Casillas, Elena Gil Olaya, Virtudes González García, Ana López Gallego, Joaquina López Laffite, Dionisia Manzanero Salas, Victoria Muñoz García y Luisa Rodríguez de la Fuente
mártires

Militantes de las Juventudes Socialistas Unificadas
Madrid (España) 5 de agosto de 1939

Las Trece Rosas es el nombre por el que se conoce a un grupo de trece muchachas, siete de las cuales eran menores de edad, fusiladas por la represión franquista poco después del fin de la Guerra Civil Española.

Tras la caída de Madrid en manos de las tropas franquistas y el fin de la Guerra Civil Española, las Juventudes Socialistas Unificadas trataron de reorganizarse por iniciativa de José Peña Brea, de 21 años de edad. José Peña fue detenido tras ser delatado por un traidor, y fue torturado hasta dar todos los nombres que sabía de la organización. Posiblemente fue Roberto Conesa, policía fascista infiltrado en la organización, quien delató a José Peña, o al menos colaboró decisivamente en su detención. Consesa alcanzó más tarde importantes puestos dentro de la policía, incluso tras la recuperación de la democracia en España.

Entre los nombres que José Peña confesó estaban los de las Trece Rosas, que fueron detenidas y encarceladas en la prisión de mujeres de Las Ventas. Desde allí serían trasladadas a la comisaría de policía donde fueron torturadas salvajemente por la policía franquista.

Formalmente, las Trece Rosas fueron acusadas de atentar contra un militar franquista, a pesar de que algunas de ellas ya estaban en la cárcel cuando se produjeron los hechos. Un tribunal militar las condenó a muerte el día 3 de agosto de 1939 en juicio sumarísimo y a puerta cerrada; y en la madrugada del día 5, sin haber transcurrido siquiera las 72 horas dispuestas por el propio tribunal, fueron fusiladas frente a una tapia del cementerio de la Almudena de Madrid, junto a otros 43 hombres, miembros de las Juventudes Socialistas Unificadas y del Partido Comunista de España; entre ellos estaba Enrique García, marido de Blanca.

La más joven del grupo, María del Carmen Cuesta, que no había cumplido los 16 años, pidió morir junto sus compañeras, pero sus verdugos no accedieron a concederlas ese último deseo, ella hubiera sido la rosa número catorce. Las jóvenes, dando prueba de una serenidad admirable, distribuyeron sus pertenencias entre las reclusas, tuvieron el valor de lavarse y peinarse, se pusieron sus más bonitos vestidos y esperaron con firmeza y sangre fría que vinieran a conducirlas a la capilla. Ya en capilla, les autorizaron a escribir una carta a sus familiares, y cada cual empezó a componer aquel recuerdo que hablaría de la monstruosa injusticia cometida. Consolaron a las otras reclusas que lloraban, asegurando que se sentían felices de dar su vida por una causa justa. Cuando vinieron sus verdugos las trece menores salieron gritando "¡Viva la República!".

La Fundación Domingo Malagón, el PCE, y otras asociaciones para la recuperación de la memoria histórica participan cada 5 de agosto en un homenaje a las Trece Rosas en el lugar donde fueron asesinadas. Desde el año 2005 la Fundación Trece Rosas, presidida por el diputado del Partido Socialista Obrero Español José Cepeda, trabaja para recuperar su memoria.

Esta historia recuerda enormemente a la de Sophie Scholl y sus amigos, por los mismos delitos, la misma pena, y curiosamente también ejecutadas en muy poco tiempo ... ¿Saben los que dicen que la memoria sólo sirve para despertar el odio y el rencor que hablan de sí mismos?... Leyendo las últimas palabras de estas niñas, y viendo las lágrimas de los que desentierran a sus padres después de casi un siglo, aún no saben dónde está el único odio y rencor que se levanta con el recuerdo, pobres, compadezcámonos de lo tristes que deben ser sus vidas, temiendo cada día el pasado, creen que el tiempo sólo fluye en una dirección... la mala conciencia nunca nos deja dormir.

Enlaces e Información detallada:
Fundación Trece Rosas
Comentario sobre el libro de Carlos Fonseca "Trece Rosas Rojas" ISBN 848460361X.