Menschliche Walhalla - 1 de Agosto



Tiberius Claudius Caesar Augustus Germanicus

TIBERIVS·CLAVDIVS·DRVSVS·NERO·GERMANICVS

Si aceptáis estas propuestas, Padres Electores, decidlo sencilla y llanamente, de acuerdo a vuestras convicciones. Si no las aceptáis, hallad alternativas, pero hacedlo aquí y ahora, o si bien, deseais tomaros tiempo para su consideración, hacedlo, más no olvidéis que debéis hallaros prestos a exponer vuestra opinión cuando quiera que se os conmine a ello.


San
Claudio

Emperador de Roma
Lugdunum (Galia, Roma) [actual Lyon - Francia] 1 de agosto de 10 a.n.e. - Roma (Roma) 13 de octubre de 54

No podría haber nacido en ninguna otra fecha que no fuera el primer día de agosto, en aquel mes al que su abuelo Octavio Augusto dio nombre, y en aquel día en el que los dioses anunciaban el verano para las tribus germánicas y celtas, en la ciudad-fortaleza nombrada en honor del dios Lug, Lugdunum, y durante la celebración del Luganasad. ¡Qué mejor augurio podrían haber mostrado los dioses! Miembro de la familia Julio-Claudia, nació de naturaleza enfermiza y débil. Dijo de él Suetonio, el que cantó la vida de los emperadores, que sus rodillas eran débiles, su cojera manifiesta y que de cuando en cuando su cabeza se sacudía con un espasmo, mientras su voz balbuceaba entre tartamudeos, incluso el propio Séneca dijo que su voz no correspondía con la de ningún ser vivo sobre la tierra, pero ninguno habló de su inteligencia. No había cumplido un año cuando su padre, Druso, murió inexplicablemente, así que quedó al cuidado de su madre, Antonia, pero cuando sus defectos físicos se hicieron más evidentes, la relación con los miembros de su familia empeoró, siendo considerado por su propia madre como un monstruo y como ejemplo de las abominaciones de la naturaleza. Su educación fue encomendada a un antiguo arriero, pues consideraban que la rudeza de éste aderezada con disciplina corregiría sus defectos físicos. Por fortuna a medida que crecía parecía que su aspecto era menos estridente y sus habilidades mejoraban por lo que le asignó un tutor que cuidase de sus estudios, a los que parecía dedicarse con vehemencia.

Mientras a su alrededor sus familiares se vigilaban y se observaban sigilosamente, cuando no se causaban algún pequeño envenenamiento o ejecutaban una traición aquí o allá con el fin de posicionarse lo más próximos a Octavio, a la sazón Emperador de Roma, y ya de avanzada edad, Claudio se refugiaba en sus estudios de historia por los que sentía un gran interés, especialmente sobre el período de la guerra civil que había destruido a la República romana. Sus escritos se acercaron demasiado a la verdad y sus críticas hacia su abuelo Octavio fueron demasiado certeras como para que su madre y su abuela no tomaran cartas en el asunto y destruyeran su trabajo. Lo que le supuso que su familia decidiera hacer un vacío a su alrededor y relegarlo de cualquier acto público, aunque perteneciera a la familia imperial. A la muerte de Augusto le sucedió en el trono, Tiberio, su tío. Solicitó a éste un cargo público donde poder dedicarse a la administración de asuntos de interés para el estado, pero fue rechazado en varias ocasiones por lo que decidió dedicarse a sus estudios y alejarse de las cuestiones del imperio. Sin embargo la maquinaria de la corrupción y la ambición seguía moviéndose bajo los pies del nuevo emperador, Tiberio, y sus engranajes no dejaban de rodar. Las traiciones, las conspiraciones, reales o ficticias, se extendían por Roma y Sejano, pretoriano a quien confiaba Tiberio la gestión del día a día de Roma, comenzó a mover sus hilos y tender sus redes de modo que aquellos años se convirtieron en un período de terror y crueldad en el que gran número de opositores al emperador fueron ejecutados, mientras éste ocupaba su tiempo en las campañas en la frontera del Rhin, en la Germania.

De manera extraña, los múltiples aspirantes al trono imperial iban desapareciendo, primero, Germánico, sobrino de Tiberio, moría asesinado en Siria, acusando, posiblemente sin motivo, a su padre adoptivo en el lecho de muerte; luego su propio hijo Druso, y finalmente, el mismo Tiberio hallaría la muerte, el 16 de marzo de 37, al parecer asfixiado con una almohada mientras dormía a la edad de setenta y ocho años, sin duda, alguno de sus pretendientes consideró que ya era hora de que formase parte de la mayoría y que dejase vacante un puesto que muchos ambicionaban con ansia. Si bien el emperador había dispuesto que Calígula y su primo, Tiberio Gemelo, fuesen copartícipes, aquél no dudó en ordenar la muerte de éste a los pocos meses, de modo que Calígula fue proclamado Emperador. Fue el propio Calígula el que llamó a Claudio nombrándole co-cónsul, pero más como divertimento que como acto de reparación, ya que con frecuencia hacía burla de sus defectos ante el Senado o le imputaba enormes sumas de dinero que el propio emperador malgastaba. Los años de su regencia fueron una sucesión de despropósitos y crueldades que algunos consideran producidos por algún desequilibrio mental. Tras varios intentos de asesinarlo, el 24 de enero de 41, la guardia pretoriana le dio muerte al igual que a su esposa y su hija pequeña en el palacio imperial. Aunque no es probable que Claudio hubiese participado directamente en la conspiración, es muy posible que aún conociéndolo no se hubiese interpuesto en su destino. Temeroso sin embargo de que la revuelta buscase el restablecimiento de la República tras el asesinato de toda la familia imperial, huyó en busca de protección intentando ocultarse de la guardia. Cuando estos dieron con él, lo proclamaron Emperador, y lo tomaron bajo su protección. Aquel día de invierno, Claudio, se convirtió en el cuarto emperador romano y el primero que había nacido fuera de Italia, en una provincia de las Galias.

Ante la aclamación de la guardia, el Senado que se debatía entre la República y el Imperio, decidió respaldar su nombramiento, y Claudio en reconocimiento no tomó represalias contra los implicados en aquel acto de traición. Durante los años de su mandato, la expansión del Imperio continuó en todas direcciones, hacia la Tracia, la Mauritania, y entre todas, la más exitosa, la de Britania, acontecimiento que muchos ejércitos han intentado a lo largo de la historia y sólo unos pocos han alcanzado. Ordenó un nuevo censo de ciudadanos que alcanzaban por aquel entonces el número de 5.984.072, un millón más que en tiempos de Augusto, gracias a la concesión de la ciudadanía a algunos de los habitantes de las provincias. Se ocupó directamente de muchos asuntos judiciales, ampliando el tiempo de las sesiones y aumentando la edad de los juristas, lo que agilizó los lentos procesos legales. Reafirmó los derechos y libertades de los habitantes de las provincias actuando como mediador en sus conflictos. Promulgó gran cantidad de edictos sobre todas las materias, uno de ellos puso fin a la costumbre de los dueños de esclavos, según la cual si estos enfermaban eran dejados a su suerte bajo la advocación de los dioses en el templo de Esculapio, y si sanaban eran reclamados por sus propietarios, sin embargo, Claudio abolió esta costumbre, disponiendo que aquél que sobreviviera sería libre, y además aquellos amos que antes de enviarlos al templo temiendo que pudieran sanar, les dieran muerte, serían acusados de asesinato. Ordenó construir acueductos, calzadas y canales, uno de ellos llegaba desde el Rhin hasta el mar, y una nueva calzada unía Italia y Germania. Redujo las tasas que Calígula había aplicado a la comida.

Durante los años que se sentó en el trono imperial supo mantener una relación cortés y respetuosa con los miembros del Senado, con el fin de ganarse su confianza y lealtad, habida cuenta del modo de su nombramiento. En 47 asumió el título de Censor, reorganizó la composición del Senado admitiendo entre ellos a ciudadanos procedentes de provincias, amonestando en su caso el desdén con que eran tratados por los demás miembros a causa de su origen. Aumentó también el número de Patricios incluyendo nuevas familias entre sus componentes. Estos cambios provocaron cierto descontento en algunos de sus miembros, por lo que a pesar de los esfuerzos por ganarse su apoyo, no faltaron quienes conspiraron contra su vida, y quienes por ello pagaron con la suya sus fracasos en esos mismos intentos. A diferencia de otros emperadores que adoptaron para sí el título de Divino, el rehusó levantar templos dedicados a su persona, pues opinaba que sólo los dioses pueden elegir nuevos dioses, mostrándose especialmente opuesto a cualquier religión que traspasando el ámbito de lo privado pretendiese extenderse a lo público mediante el proselitismo. El hombre que supo sobrevivir a las intrigas familiares de su infancia y su juventud, moriría en las primera horas del 13 de octubre de 54 probablemente envenenado, por instigación de su esposa Agripina, con el fin de asegurarse la sucesión de Nerón como emperador. Sus cenizas fueron enterradas en el Mausoleo de Augusto el 24 de octubre. Si bien en los días siguientes a su muerte, tanto Nerón como el Senado lo deificaron, de manera hipócrita y malévola, algún tiempo después muchas de sus leyes y edictos fueron abolidos a su muerte aseverando que era demasiado estúpido y senil.

El cuarto Emperador, el último Republicano, descendiente de Julio César, nieto de Octavio Augusto, supo mostrarse a los demás como estos esperaban verle, guardándose para sí lo más importante, su certera inteligencia, dejando que otros tomaran por estúpido a quien sólo lo parece, ocultándose durante años y forzando incluso sus defectos para ser tenido por quien en verdad no era. Cuando en el año 8, se inauguró el Arco de Pavía para honrar a la familia imperial, su nombre se situó al final de toda la lista, tras sus parientes ya fallecidos... algunos insinúan que su nombre fue ignorado conscientemente durante su creación, y que fue él quien décadas después ordenó que fuera añadido cuando todos los que le antecedían en la lista ya habían desaparecido y su recuerdo había sido olvidado.

Puede que entre todos los césares, emperadores de Roma, el más insignificante y para algunos el más estúpido fuera Claudio, sin embargo, en el siglo XX, es posible que su fama y su nombre sólo fuesen comparables con los del propio Julio, gracias a la autobiografía figurada que sobre él escribió Robert Graves en 1934: I·CLAVDIVS.

Mil veces le ofrecieron la corona, y mil veces la rechazó; una vez le ofrecieron la vida, y no dudó en aceptar.

Enlaces e Información detallada:
The Claudius Page
Claudio en Wikipedia (en inglés)