Menschliche Walhalla - 26 de Julio



Che Guevara

ERNESTO "CHE" GUEVARA DE LA SERNA

En una revolución se triunfa o se muere, si es verdadera.

Me siento tan patriota de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica, como el que más y, en el momento en que fuera necesario, estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie.

Porque esta gran humanidad ha dicho basta y ha echado a andar. Y su marcha, de gigantes, ya no se detendrá hasta conquistar la verdadera independencia, por la que ya han muerto más de una vez inútilmente.

No hay fronteras para esta batalla a la muerte. No podemos permanecer indiferentes ante lo que ocurre en cualquier parte del mundo. La victoria de cualquier país contra el imperialismo es nuestra victoria, del mismo modo en que la derrota de ese país es la nuestra.

Tenía delante de mí una mochila llena de medicamentos y una caja de balas, las dos eran mucho peso para transportarlas juntas; tomé la caja de balas, dejando la mochila ...

... y sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario.
(Carta de Despedida a sus hijos)

San
Che Guevara
mártir

Líder Revolucionario y Guerrillero
Rosario (Argentina) 14 de junio de 1928
La Higuera (Bolivia) 9 de octubre de 1967

El azar lo hizo nacer como el mayor de cinco hermanos en una familia de descendencia hispano-irlandesa, de ancestros vascos, un mar de sangres en una tierra lejana más allá del océano. Desde niño se mostró inquieto, hasta el punto de que durante su juventud recibió el apodo de "Fuser" (el FUribundo SERna) a causa de su atrevido modo de practicar el rugby, a pesar de sus ataques de asma. A diferencia de la mayoría de los latinoamericanos, su posición social en una familia de clase alta de ideas progresistas, le facilitó el acceso a un modo de vida pudiente y relajado en el que podía emplear gran parte de su tiempo para formarse, aprendió ajedrez, se apasionó por la poesía, especialmente de Pablo Neruda, leía a Jack London, Julio Verne, Sigmund Freud, Bertrand Russell, todas ellas actividades demasiado lejanas de aquellos niños que en seguida debían olvidarse de la escuela y los juegos de su adolescencia para ponerse a trabajar en todos los países del continente para poder llevarse a la boca un mendrugo de pan en condiciones se semiesclavitud, viviendo en la miseria.

La niñez pasa pronto para todos, así que en 1948 entró en la universidad de Buenos Aires para estudiar medicina. Tras algunas interrupciones termina sus estudios en Marzo de 1953, y el 12 de junio recibe su diploma. Su situación acomodada le permite durante sus años de estudiante emprender varios viajes por todo el continente, en 1951, su amigo Alberto Granado, le convence para dedicar un año y recorrer toda Suramérica, partieron desde Alta Gracia en una moto 1939 Norton 500cc, llamada La Poderosa II, con la idea de trabajar en la leprosería San Pablo en Perú en las orillas del Amazonas. Cómo podría haber imaginado que aquel viaje sería el comienzo de una búsqueda sin fin de un lugar tras otro, que terminaría en La Higuera. La pobreza y la miseria con que la mayoría de los pueblos de América eran tratados, especialmente las masas indígenas, le llevó a la conclusión de que sólo una revolución podría cambiar un mundo en el que la corrupción del poder y el dinero habían corroído las entrañas de los estados que se movían al son de golpes militares y órdenes de mando de más allá de río Grande. La visión de un enorme continente repleto de gentes tan distintas le inspiró para ver en ello una sola visión, una Iberoamérica unida, sin fronteras de razas u orígenes, desde la Patagonia hasta la Baja California.

Acabados sus estudios, se embarcó en un viaje el 7 de Julio de 1953 que lo llevaría por Bolivia, Perú, Ecuador, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador y finalmente, en diciembre, Guatemala. Allí, el gobierno pretendía llevar a cabo una reforma agraria y otras iniciativas para sacar adelante una revolución social. Así comenzó a frecuentar los círculos próximos a la Alianza Revolucionaria Popular Americana y con ello miembros destacados del gobierno de Arbenz en Guatemala, incluidos un grupo de exiliados cubanos, uniéndose entonces a los "moncadistas". Fue allí donde se convirtió en el "Che" sin saberlo, aquella interjección argentina tan frecuente se convirtió en el apodo con el que lo bautizaron los médicos venezolanos, especialistas en malaria, con los que colaboró en un hospital local. La llegada el 15 de mayo de 1954 de equipamiento militar desde Checoslovaquia a Puerto Barrios en Guatemala, hizo que el afán paranoico anticomunista que dominaba el continente con mano de hierro a base de represión, asonadas, desapariciones y torturas tomase forma en el país. Ernesto quiso unirse a las Juventudes Comunistas para tomar parte activa en la lucha contra las fuerzas golpistas, pero la inacción del grupo lo desanimó y regresó a sus obligaciones médicas. El triunfo del golpe militar impulsado desde el norte acabó con el presidente Arbenz refugiado en la embajada de Méjico, y con Ernesto asilado en el consulado Argentino. El desenlace al que eran conducidos todos los gobiernos que en Latinoamérica intentaban poner en práctica revoluciones pacíficas encaminadas a conseguir una justicia social y mejorar las condiciones de las masas empobrecidas lo convenció de que las garras de las águilas imperiales nunca sueltan sus presas sino que se hunden en la carne cada vez con mayor fuerza, y eso lo condujo a comprometerse para siempre en la lucha contra cualquier gobierno que se estableciera en el continente y que mantuviera las injusticias sociales a costa del sufrimiento interminable de sus pueblos simplemente para complacer a sus amos. El modo en que aquella política de conquista desde los Estados Unidos de América se practicaba, basada en la rapiña económica primero y la ocupación militar indirecta a través del establecimiento de gobiernos dictatoriales después, le indujo a pensar que sólo las armas podrían poner final a aquella situación.

A finales de septiembre de 1954 su destino fue entonces Méjico, allí se reunió con los exiliados cubanos con los que había contactado en Guatemala, entre ellos, en 1955, Raúl Castro, al que se unirá algunas semanas después, su hermano, Fidel, tras su liberación de una cárcel política cubana. El atardecer del 8 de Julio de 1955, ambos se encontraron, y la conversación que mantuvieron aquella noche lo convenció de que había encontrado lo que andaba buscando, una revolución en la que tomar parte. Se unió inmediatamente al Movimiento del 26 de Julio con la intención de derrocar al dictador cubano Fulgencio Batista. Mientras la política avanza, la vida sigue su curso, y el 18 de agosto de 1955 se casó con Hilda Gadea Acosta, su hija, Hilda Beatriz, nació el 15 de febrero de 1956. Aquel año sería el comienzo de una vida que lo conduciría hacia lugares que sólo algunos consiguen alcanzar y que están más allá de lo que uno pueda pensar. El 25 de noviembre de 1956, el carguero Granma, partió de Tuxpan, en Veracruz, en dirección a Cuba. Atacados apenas hubieron puesto pie a tierra por las fuerzas de Batista, casi la mitad de los guerrilleros murieron o fueron capturados. Fue entonces cuando Ernesto Guevara, tuvo que tomar la decisión definitiva, debía elegir entre continuar siendo el asistente sanitario de los combatientes, su objetivo inicial, o por el contrario empuñar las armas y luchar a su lado, su respuesta simplemente fue tomar una caja de munición caída delante de él, allí nació el "Che Guevara", ya nadie recordaría a partir de entonces que su nombre era Ernesto, se convirtió en un guerrillero, y eso fue sólo el principio. El puñado de rebeldes que consiguieron sobrevivir se reagruparon en las colinas de Sierra Maestra desde donde comenzaron a hostigar al ejército regular de Batista mediante acciones guerrilleras.

Sus camaradas lo nombraron "Comandante", por su arrojo, su valor y su atrevimiento en el combate, al tiempo que no dudaba en castigar con la muerte si era preciso a los culpables de delaciones, deserción o espionaje. En los días finales de diciembre de 1958, dirigió el ataque de su brigada suicida en Santa Clara punto culminante de la guerra, que tras la ofensiva de Sierra Maestra, Guisa, y las llanuras de Cauto marcarán el destino de la contienda. Cuando Batista supo que el General Cantillo iniciaba una negociación por separado con Fidel Castro, decidió abandonar la isla y dirigirse a la República Dominicana el 1 de enero de 1959, poniendo fin a la batalla y anunciando el triunfo de la Revolución Cubana. El 7 de febrero de 1959, el gobierno cubano lo proclamó "Ciudadano Cubano de nacimiento". Tampoco las revoluciones esperan por la vida, tras años de lucha y permanecer separado de su mujer Hilda, se divorció y el 2 de junio de 1959 se casó con Aleida March, una mujer cubana miembro del movimiento revolucionario y con la que había vivido desde 1958.

A toda contienda suceden las horas más terribles de los seres humanos, aquellas en las que la justicia se confunde en ocasiones con venganzas, y aquellos que antes eran despiadados y crueles piden entonces la compasión que con tanto entusiasmo negaron en su momento, y en medio de todos ellos, los inocentes pagan demasiado caros los crímenes de los culpables. Entre el 2 de enero y el 12 de junio de 1959 supervisó los juicios y ejecuciones de varios detenidos, entre ellos los miembros del Buró de Represión de Actividades Comunistas que durante años habían formado la policía secreta del régimen de Batista. Una vez asentada la revolución e instaurado un nuevo gobierno, fue nombrado miembro del Instituto Nacional de Reforma Agraria, y Presidente del Banco Nacional de Cuba. Partidario como era de la supresión del dinero y la moneda se limitó a firmar con desdén los billetes con su apodo "Che". Sus intentos por exportar las actividades guerrilleras a Panamá o la República Dominicana, fracasaron. En 1960, durante el homenaje a las víctimas del rescate del carguero La Coubre sirvió de fondo para que por casualidad, Alberto Korda , tomara la instantánea que hará de su rostro un icono de una época y símbolo de la revolución para la eternidad. Pasó entonces al Ministerio de Industria donde quiso poner en marcha sus ideales comunistas sobre los medios de producción y bienestar, expuso sus ideas en El socialismo y el hombre en Cuba en el que ansiaba la consecución de un hombre nuevo en unión al estado socialista, basado en la austeridad y el trabajo unidos a la dignidad humana. Aquellos primeros años dieron paso a los momentos más complicados de la historia reciente de la humanidad, tras el intento de 1961 por parte de los exiliados anticastristas de invadir la isla y retomar el poder llegados desde Miami a través de Bahía Cochinos, en cuyas playas fueron derrotados, se inició el conflicto internacional causado por la decisión en octubre de 1962 de instalar en Cuba plataformas de lanzamiento de misiles nucleares que podrían alcanzar cualquier ciudad de los Estados Unidos de América.

Desde diciembre de 1964, hasta el 24 de febrero de 1965, iniciará un periplo internacional recorriendo Nueva York, París, China, Egipto, Argelia, Ghana, Guinea, Mali, Dahomey, Congo, Tanzania, Irlanda, Praga. Regresó a Cuba el 14 de marzo, dos semanas después desapareció de la vida pública y no se supo nada de él durante los meses siguientes. El 3 de octubre de aquel año de 1965, Fidel Castro leyó la carta de despedida de Ernesto Che Guevara declarando su intención de abandonar Cuba para continuar la lucha de guerrillas en nuevas batallas. En un mundo que tras la segunda guerra mundial se había levantado existiendo entre dos muros que lo aprisionaban con más fuerza haciendo cada vez más difícil mantenerse al margen de ambos bloques, el proceso de descolonización de África y Asia se convirtió en el nuevo tablero en que jugar esa absurda partida en la que los hombres mueren para que otros alcancen el poder y duerman satisfechos con su grandeza de miras, tranquilamente en sus camas apacibles de occidente. Su espíritu inquieto le impedía permanecer al margen mientras otros se enfrentaban para liberarse de las viejas costumbres por las que algunos se creen tocados por la divinidad para civilizar y regir el mundo a su antojo. El 24 de abril de 1965 llegó al Congo Belga en apoyo de Patrice Lumumba, pero tras siete meses de lucha, enfermo de asma, y desanimado al comprender que los efectos del colonialismo habían sido tan devastadores en el continente que los conflictos de fondo no eran políticos sino de cariz tribal y que de aquel modo no se podría construir ningún país, revolucionario o no, decidió abandonar África, a pesar de su intención de enviar a sus camaradas de vuelta a Cuba y permanecer combatiendo él hasta el final, fue convencido por Fidel Castro para desistir. Tras haberse hecho pública su carta de despedida, suceso que sólo debería haber tenido lugar tras su muerte, no se sintió moralmente capaz de regresar a Cuba y permaneció durante algún tiempo en Dar-as-Salaam y Praga. Tras aquel período volvió de nuevo sus ojos hacia su amado continente americano. Y se encaminó hacia Bolivia.

Conocida la noticia de su nuevo objetivo, el presidente del país, exigió la cabeza del Che expuesta en una pica en el centro de La Paz, por lo que ordenó al ejército boliviano su captura. Durante aquel tiempo de lucha, varios grupos guerrilleros bolivianos fueron eliminados por el ejército, a pesar de las condiciones de combate, Guevara proporcionaba los cuidados médicos necesarios a cualquier herido, soldados enemigos caídos prisioneros incluidos, que posteriormente eran liberados ante la imposibilidad de llevarlos consigo. Tras la batalla de la Quebrada del Yuro, en el que varios hombres fueron heridos, incluso él mismo, ofreció a los soldados bolivianos heridos, material médico para sus cuidados, pero fue rechazado por el oficial al mando. La lucha no siguió el curso que esperaba, no contó con el apoyo local que contaba, se tuvo que enfrentar a fuerzas especiales adiestradas por la CIA, y parte del material empleado para mantenerse en contacto con las fuerzas cubanas no funcionó adecuadamente, por lo que la empresa se volvió cada vez más complicada, hasta que alcanzó el fin que tanto tiempo parecía haber buscado como inevitable. El 8 de octubre su campamento fue rodeado después de que las fuerzas bolivianas fueran informadas de su emplazamiento, lo capturaron tras ser herido en las piernas y ver cómo su fusil era inutilizado por una bala. Informado de su captura, Barrientos ordenó su ejecución, llevado ante el muro de una vieja escuela en ruinas de La Higuera, a la 1:10 de la tarde del 9 de octubre de 1967, Mario Terán, sargento del ejército boliviano ordenó abrir fuego. Los tiradores evitaron alcanzarle en el rostro para facilitar su identificación y así simular heridas de combate si era preciso. Su cuerpo fue trasladado en helicóptero hasta Vallegrande donde se mostró su cadáver a la prensa, al mostrar sus restos yacentes, las fotografías que de él hicieron forjaron un nuevo icono, San Ernesto de La Higuera, El Cristo de Vallegrande. Sus manos fueron amputadas por un cirujano militar y sus restos enterrados en secreto. El 15 de octubre, Cuba supo con consternación de su muerte y la noticia sumió en una gran conmoción a los movimientos revolucionarios del mundo entero. El 17 de octubre de 1997, sus restos identificados mediante análisis de ADN, y los de sus seis camaradas muertos en Bolivia, que lucharon con él, que como él cayeron igual que otros antes pero de los que ya no recordamos sus nombres, a pesar de estar tocados por la misma gloria y dignidad, fueron trasladados al mausoleo de Santa Clara. Dice la historia, y la historia la hacen los que la cuentan, y la cuentan los que la viven, que sus últimas palabras fueron Sé que estáis aquí para matarme. Disparad, cobardes, sólo vais a matar a un hombre.

Cuando era joven pudo haberse quedado en su casa, haber sido médico, haber vivido una vida cómoda y fácil en Buenos Aires, pero no quiso, se puso en marcha porque era necesario cambiar el mundo, se convirtió entonces en guerrillero, y después de ganar la batalla, pudo haberse quedado de nuevo sentado al frente del estado, haber seguido viviendo como uno de los miembros más influyentes de Cuba, haber disfrutado de la comodidad y los placeres que el poder otorga en cualquier sistema político del mundo a aquellos que lo tienen en sus manos, pudo haberse quedado plácidamente sentado en su puesto y haber dejado que la vida siguiese su curso, pero no pudo, de nuevo se puso en marcha, así lo hizo una y otra vez, quizás supo siempre que nunca encontraría el final del camino, para aquellos que creen que se puede alcanzar la justicia social, deberíamos recordarles lo que Dante advirtió sobre las puertas del infierno, perded toda esperanza los que aquí entréis. Dijo siempre de sí mismo que era sólo un hombre, no fue un excelso general, ni un gran estratega, no fue un gran economista, ni un destacado ideólogo, sin duda tuvo razón en una sola cosa, en que no era más que un hombre, un hombre que no quiso permanecer callado, pero los héroes no deciden cuando se convierten en mitos, sólo son el soporte sobre el que se alza su recuerdo, son los que sobreviven los que los crean.

Enlaces e Información detallada:
Revista Social Che Guevara
Che Guevara en Marxist Internet Archive
Che, guía y ejemplo



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