Menschliche Walhalla - 15 de Marzo
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![]() GAIVS IVLIVS CAESAR Veni, vidi, vici. Fere libenter homines id quod volunt credunt. De omnis Belgae fortissimi sunt. Alea iacta est. Galia est pacata. (Omnia?) La fortuna, que tiene un gran poder en otras materias, pero especialmente en la guerra, puede acarrear grandes cambios en una situación usando muy pequeñas fuerzas. Dile a tu amo que en César sólo manda César. Los cobardes agonizan muchas veces antes de morir... Los valientes ni se enteran de su muerte. ![]() |
San Dictador de la República de Roma Cayo Julio César (En latín Gaius Iulius Caesar IMPERATOR·GAIVS·IVLIUS·CAESAR·DIVVS) nace en una de las más antiguas y nobles familias de patricios, la familia Julia, cuya ascendencia llegaba hasta Iulo, hijo del príncipe de Troya Eneas, y por tanto nieto de la diosa Venus. El joven Cayo crece en el barrio romano de Subura, un barrio habitado por plebeyos. Su padre, también llamado Cayo Julio César, llegó a ser pretor; y su madre fue Aurelia Cotta, plebeya pero de familia muy rica e influyente. Crecer entre ciudadanos de clase bajo le ayudó a hablar pronto varios idiomas como el hebreo y diversos dialectos galos. En principio parecía una desventaja para el futuro de Cayo que su familia tuviera ciertas limitaciones económicas y se vieran obligados a vivir en un barrio plebeyo; sin embargo las experiencias que César obtuvo de su niñez, así como el prestigio que desde joven obtuvo entre las clases bajas, fueron decisivos para la figura de César como líder. Su herencia patricia y el apoyo que siempre tuvo de los plebeyos se unieron para llevarle al poder máximo. La familia Julia, como se ha dicho, no eran ricos si se comparaban con otras familias de la aristocracia romana. Por este motivo ni el padre ni el abuelo de Cayo obtuvieron cargos sobresalientes en la República. Su tía paterna Julia se había casado con el general Cayo Mario, quien era líder de la facción progresista del Senado, los Populares, que se enfrentaban a los Optimates, facción conservadora, cuyo líder era Lucio Cornelio Sila. Cayo Mario murió en 86 a.n.e. pero su partido se mantuvo en el poder. Ese mismo año comienza una guerra civil entre ambas facciones. Para ser nombrado Flamen Dialis (sumo sacerdote de Júpiter) por Lucio Cornelio Cinna, aliado de Mario, César se casó con Cornelia Cinna, hija de Lucio. Para ello tuvo que romper un compromiso previo, ya que el puesto de Sacerdote obligaba a tener una esposa patricia. En el 85 muere su padre y César se convierte en jefe de la familia Julia. La guerra civil termina en el año 82 con victoria de Sila, quien se convierte en dictador sin limitación de tiempo (la ley romana concedía periodos de 6 meses como máximo para un dictador). César se ve en una posición comprometida: era sobrino de Mario y yerno de Cinna, los dos líderes del bando perdedor. Sila confiscó las propiedades de César y la dote de su esposa Cornelia. Fue desposeído del cargo de Sacerdote, pero se negó a divorciarse de Cornelia, por lo que tuvo que huir de Roma. La orden de captura contra él fue levantada gracias a que su familia materna, Cotta, habían apoyado a Sila en la guerra civil. Sila accedió con desagrado a la petición de perdón de la vida de César, no sin dejar claro que en su opinión estaba firmando la perdición de los Optimates. Aunque había sido perdonado César prefirió no volver a Roma, sino que marchó al Oriente para servir en la guerra que Roma mantenía contra Mitríades VI, Rey del Ponto. Esta fue la primera campaña de César, donde se distinguió por su valentía y capacidad de liderazgo. Tras la muerte de Sila, en 78, César vuelve a Roma para iniciar su carrera como abogado en el Foro Romano, donde destaca por su oratoria; persigue con vehemencia a los políticos corruptos. Durante esta época César viaja a Rodas para estudiar filosofía y retórica con Apolonio Molón, pero durante el viaje es apresado por unos piratas cilicios. Es liberado 38 días después tras el pago de su rescate. Apenas recuperada su libertad organizó una expedición naval que capturó a los piratas y ordenó su ejecución. En el 69 mueren Cornelia, al dar a luz a un niño que nació muerto, y Julia, su tía, viuda de Mario. César organizó funerales públicos para ambas, donde desafió las leyes de Sila mostrando las imágenes de Cayo Mario y Cayo Mario el joven en el de Julia, y la de Lucio Cornelio Cinna en el de Cornelia. Su gesto fue muy apreciado por el pueblo e inmediatamente condenado por los Optimates. El mismo año César fue elegido Cuestor por la Asamblea del Pueblo. En el sorteo de destinos a César le corresponde un cargo en Hispania Ulterior. De vuelta en Roma sigue trabajando como abogado hasta ser elegido Edil en 65. Este cargo, que era el primero del Cursus Honorum que tenía Imperium, podía ser peligroso, pues incluía la organización de juegos en el circo con un presupuesto reducido, lo que obligaba a que el Edil usara fondos propios para estos eventos. Su gestión como Edil fue muy exitosa organizando unos juegos magníficos, pero acabó su mandato totalmente arruinado; sin embargo su carrera política se había lanzado, que era lo único que César buscaba. Como resultado inmediato es elegido Pontifex Maximus en 63, tras la muerte de Quinto Cecilio Metello Pío; este cargo implicaba el fin de los problemas económicas de César. Sin embargo su pontificado comenzó con problemas: Tras la muerte de Cornelia, César se había casado con Pompeya, nieta de Sila. Como esposa del Pontifex Maximus, Pompeya organizaba los ritos de la Bona Dea, exclusivo de las mujeres sagradas. Durante los ritos, Publio Clodio (un demagogo) penetró en el recinto sagrado disfrazado de mujer. En respuesta a este sacrilegio César se divorció inmediatamente de Pompeya. César reconoció que ella no era responsable, pero justificó su proceder con su famosa frase: La mujer de César no solo ha de ser honrada, sino que también debe parecerlo. En el 62 César fue elegido Pretor y más tarde enviado de nuevo a Hispania Ulterior como gobernador. Su gestión en Hispania fue un éxito civil y militar, como resultado fue vitoreado como Imperator por sus soldados, y obtuvo el apoyo del Senado para obtener un Triunfo (ceremonia para honrar públicamente a un ciudadano sobresaliente). Sin embargo, de vuelta a Roma, Marco Porcio Catón bloqueó la petición de César para optar a un Consulado (máxima distinción en el Cursus Honorum). Ante la necesidad de elegir entre un Triunfo y un Consulado, César eligió ser cónsul. Así, en 59 a.n.e. César fue Cónsul por primera vez. Ese año fue también cónsul su enemigo político Marco Calpurnio Bíbulo, miembro de la facción de los Optimates y muy cercano a Catón el Joven (cada año se elegían dos cónsules que daban nombre al propio año, por ello ser nombrado cónsul significaba pasar a la historia de manera automática porque el nombre del cónsul sería usado siempre para nombrar el año de su consulado). Bíbulo trató de bloquear la actividad política de César bajo pretexto de retirarse para buscar presagios en los cielos. Este año es recordado satíricamente como "el año de los cónsules Julio y César". Sin embargo César encontró aliados para su gestión donde menos podían esperar sus enemigos. El más importante general del momento Gneo Pompeyo Magno (Pompeyo el Grande), mantenía una disputa con el Senado tratando de obtener tierras para sus veteranos; un exconsul, Marco Licinio Craso, seguramente el hombre más rico de Roma, también tenía problemas para obtener beneficios para los publicani, encargados de gestionar los tributos de Roma, y para obtener un comando en la guerra contra los persas. A su vez César necesitaba el dinero de Craso y el prestigio de Pompeyo, y así se formó una alianza informal: El Primer Triunvirato (o gobierno de tres hombres), César, Pompeyo y Craso. Para confirmar la alianza Pompeyo se casó con Julia, la hija única de César; a pesar de la diferencia de de edad y procedencia, el matrimonio resultó feliz. Tras terminar su gestión como cónsul, César recibió poderes como Gobernador Proconsular de Galia Transalpina e Iliria por cinco años. Desde esta posición César inició al Guerra de las Galias (58 a.n.e. - 49 a.n.e.) donde conquistó por completo la Galia, parte de Germania e inició la invasión de Britania. Entre sus legados se encontraban Lucio Julio César, Marco Antonio, Tito Labieno y Quinto Tulio Cicerón (hermano menor de Cicerón). César obtuvo victoria tras victoria, derrotando a los helvéticos en 58, a la confederación belga y a los nervios en 57 y a los vénetos en 56. En 55 Pompeyo y Craso fueron elegidos cónsules y fueron fieles a su pacto con César prolongando su proconsulado cinco años más. Invadió Britania en 55 y 54, y finalmente en 52 César venció a la confederación de tribus galas lideradas por el jefe Vercingetórix, quien hecho prisionero arrojó sus armas a los pies de César como símbolo de rendición de toda la Galia. La victoria de César se obtuvo en la batalla de Alechia, de situación geográfica discutida por los historiadores, tras una inicial victoria de Vercingétorix en Gergovia semanas antes. César escribió la crónica de estas campañas en sus Commentarii de Bello Gallico. Según Plutarco, la campaña de César resultó en 800 ciudades tomadas, 300 tribus sometidas, un millón de galos reducidos a la esclavitud y otros tres millones muertos en los campos de batalla. Evidentemente los números de Plutarcon son absolutamente exagerados, pero la campaña de César en la Galia es comparable a la de Alejandro en Persia; y si inferior en extensión, la supera en resultados, ya que Galia nunca recuperó ya su identidad celta, ni se rebeló contra Roma hasta la Caída del Imperio de Occidente. El Triunvirato había empezado a resquebrajarse cuando Julia muere de parto en 54 y poco después al morir Craso en 53 durante una fracasada expedición contra Persia. César trató de mantener la alianza ofreciendo a una sobrina suya como nueva esposa de Pompeyo, pero éste se casó con Cornelia Metella, hija de Metello, enemigo jurado de César, de la facción de los Optimates. En 50 a.n.e. el Senado, liderado por Pompeyo ordena a César regresar a Roma y licenciar su ejército al terminar su mandato proconsular; no solo eso, sino que el Senado le impedía presentarse a un segundo consulado. Así, César se veía forzado a volver a Roma sin la protección de su ejército ni la inmunidad que le daba el consulado, y se negó a acatar la orden senatorial. César propuso licenciar ocho de sus diez legiones a cambio de permanecer en la Galia hasta el 48. Como respuesta Pompeyo acusó a César de insubordinación y traición. César convocó a su legión XIII y les preguntó si estaban dispuestos a enfrentarse a Roma en una guerra, que si perdieran, significaría ser recordados siempre como traidores. La legión respondió afirmativamente como un solo hombre, y cuando César les anunció que tampoco tenía dinero para pagarles, los legionarios respondieron entregando su dinero a la caja de la legión. De esta forma César decidió, el 10 de enero de 49 a.n.e. cruzar el Rubicón (frontera norte de Italia) con una única legión; el gesto implicaba el inicio de la guerra civil. Mientras cruzaba el río César pronunció su famosa cita "Iacta alea est". Los seis mil hombres de la XIII iban a enfrentarse a los 60.000 con que contaba Pompeyo. Los Optimates, incluyendo a Escipión y Catón el Joven, huyeron al sur, desconociendo que César solo contaba con la XIII Legio. César trató aun de entrevistarse con Pompeyo en Brundisium para evitar la guerra civil, pero el cónsul pasó a Grecia con sus legiones. César decide pasar a marchas forzadas a Hispania, con el objetivo de derrotar a los partidarios de Pompeyo en la que era entonces la más poderosa provincia de occidente y así asegurar su retaguardia; mientras dejó a Marco Emilio Lépido y a Marco Antonio al frente de Italia. César logra su victoria en Hispania con el apoyo de diversos jefes íberos; e inmediatamente se dirige a Grecia. Tras la batalla de Dyrrhachium, Julio de 48, en la que César apenas puede evitar una derrota completa, César se rehace y vence a Pompeyo en Pharsalus, a pesar de que sus fuerzas eran numéricamente superadas por las de Pompeyo en más de dos a uno. Sin embargo los líderes del ejército enemigo de César logran huir, Pompeyo a Egipto, Metellus Escipión y Catón al norte de África. De vuelta en Roma, César es nombrado dictador romano, cargo que solo mantiene durante once días para ser elegido cónsul por segunda vez, junto a Publio Servilio Vatia. En el 47 César se dirige a Alejandría (Egipto) en busca de Pompeyo. Cuando llega allí encuentra que su antiguo amigo y actual enemigo había sido asesinado por un oficial del rey Ptolomeo XIII. César, enfurecido por el asesinato de un Cónsul de Roma, decide intervenir en la política egipcia y toma partido por la hermana del rey, la reina Cleopatra VII en la guerra que ésta mantenía contra Ptolomeo. César derrotó a Ptolomeo e instaló a Cleopatra como única reina de Egipto, con la que tuvo su único hijo varón conocido, llamado Cesarión, que reinaría en Egipto como Ptolomeo XV César. César y Cleopatra no se casaron, porque la ley romana impedía a un romano casarse con quien no tuviera la ciudadanía romana, y Cleopatra, como Reina de Egipto, no podía optar a esa nacionalidad; sin embargo esa misma ley no consideraba delito la relación de César con Cleopatra, y así, duró hasta la muerte de César. Tras su estancia en Egipto, en 47, César se dirige a Medio Oriente, donde aniquila al Rey Farnaces de Ponto en la batalla de Zela. Su victoria fue tan rápida y completa que pronunció su célebre frase: "Veni, vidi, vici"; (Vine, vi y vencí). Y a continuación vuelve a África para enfrentarse a los restos de los apoyos del Senado; en la batalla de Thapsus, 46 a.n.e., César derrota a las fuerzas de Escipión, quien murió en la batalla, y de Catón el Joven, que se suicidó. El mismo año César fue elegido Cónsul por tercera vez, junto a Marco Emilio Lépido. Aun así, los hijos de Pompeyo, Cneo Pompeyo y Sexto Pompeyo, junto a Tito Labieno lograron refugiarse en Hispania. César, decidido a terminar con la guerra civil, les persigue y en la batalla de Munda (Montiel), marzo de 45, les derrota completamente. Este año, César es elegido Cónsul por cuarta vez, en esta ocasión sin colega. De vuelta definitivamente en Italia, en septiembre de 45, César nombra a su sobrino-nieto Cayo Octavio (Octaviano) como su heredero universal, y deja escrito que si Octaviano muere antes que César, su heredero sería Marco Junio Bruto. César perdonó a prácticamente todos sus enemigos, (Bruto había permanecido largo tiempo al lado de los optimates), y así la resistencia a su poder desapareció casi por completo. El 21 de Abril se había celebrado ya el Triunfo de César, con grandes juegos y fiestas. César obtiene el derecho a vestir siempre ropa triunfal, incluyendo una capa púrpura, reminiscencia de los antiguos reyes de Roma, y una corona de laurel. Se crea el título oficial de Dictador, para que César lo lleve hasta el fin de sus días, y se erigen estatuas en su honor, una de ellas junto a las de los siete reyes de Roma y Lucio Junio Bruto, quien instauró la República. Se acuña moneda con su efigie, siendo así el primer hombre vivo en aparecer en la numismática romana. César, con todos estos gestos, estaba asumiendo el papel de Rey de Roma. Cuando César entra en Roma, en Octubre de 45 a.n.e., renuncia a su consulado y nombra a Quinto Fabio Máximo y Cayo Trebonio como cónsules sustitutos, este gesto irritó al Senado. Aun así el Senado, lejos de querer enfrentarse a César, le agasaja cada vez más, se erige un templo a Libertas en su honor, y le concede el título de Liberator. Más tarde es nombrado Cónsul Vitalicio, y se le permitía ejercer cualquier cargo oficial que deseara, incluyendo los reservados a los plebeyos. También hubo peticiones para que César fuera el único romano en poseer Imperium, convirtiéndose así en el único ciudadano con inmunidad completa, y además ejercería el mando supremo de las legiones romanas. Más aun, se le concedió el derecho de designar la mitad de todos los magistrados, entre ellos todos los magistrados provinciales; el mes de su nacimiento, Quintilis, fue renombrado Julius en su honor; su día de nacimiento, 12 de Julio, se estableció como fiesta nacional... Alejado de esta aglomeración de honores, César comenzó con entusiasmo una agenda de reformas: derogó las leyes que restringían el tránsito de ciudadanos por las provincias. Promulgó una nueva ley por la que si un patricio dañaba o mataba a un plebeyo, todos sus bienes serían confiscados; se canceló un cuarto de todas las deudas al estado, reguló la compra del grano subvencionado por el estado, y prohibió su comercio privado, deteniendo así uno de los males endémicos de Roma, el precio del grano. Planeó la distribución de tierras entre sus veteranos, y el establecimiento de colonias por todo el mundo romano. César demostró que quería justicia y progreso para el estado, aunque creía que él mismo era la única persona capaz de garantizar esa justicia y ese progreso. Otra de sus grandes reformas fue la del calendario. Estableció el año de 365 días, con un año bisiesto cada cuatro (calendario juliano), que no fue modificado hasta 1582 con la reforma del papa Gregorio XIII. Como resultado curioso el año romano equivalente aproximadamente al 46 a.n.e. duró 445 días, para adecuar el nuevo calendario en línea con las estaciones. Aun hoy se habla de Fecha Juliana en Informática para referirse al formato año/día, donde el día se expresa como un número de 1 a 365 o 366, por ejemplo 1970032 sería el 1 de febrero de 1970. César también acometió grandes reformas públicas, nuevos edificios públicos y mercados se construyeron por su mandato, incluyendo la Curia Julia, nueva sede del Senado, y el Foro de César, con su Templo a Venus. Los límites de la ciudad de Roma fueron ensanchados permitiendo su crecimiento. El conjunto de las reformas iniciadas por César, y la amenaza de las que vendrían comenzó a inquietar gravemente al Senado, que veía amenazada su posición de poder en la República Romana. Al comienzo del año 44 a.n.e. los desencuentros entre César y el Senado llegaban a su punto álgido: muchos plebeyos empezaban a referirse a César como "Rex", produciéndose algunos incidentes y detenciones, más tarde revocadas. César rechazaba el título argumentando que "Rem Publicam sum" (Yo soy la República). Los acontecimientos se precipitaron durante el festival de la Lupercalia. El 15 de febrero de 44 a.n.e. César se sentó en la Rostra llevando su túnica púrpura, sandalias rojas y su corona de laurel. Marco Antonio fue alzado hasta la Rostra, mostró una diadema y trató de ponerla sobre la cabeza de César diciendo "El pueblo te ofrece esto a través mío." Hubo apenas murmullo de aprobación por parte del público, y César la rechazó rápidamente asegurándose de que la diadema no tocara su cabeza. El pueblo rugió con agrado ante su gesto, así Marco Antonio trató de poner la diadema en la cabeza de César por segunda vez; igualmente a la primera no hubo mayoría de aprobación y César la rechazó de nuevo, y se levantó diciendo "No seré Rey de Roma. Solo Júpiter es Rey de los Romanos". La multitud abrumadoramente ovacionó a César. Por su parte, la oposición secreta a César, formada principalmente por hombres perdonados previamente por Julio, sabía que si querían detener a César debía ser en ese momento o nunca, ya que Julio planeaba una campaña contra Dacia y Partia. De triunfar, cosa bastante probable, César traería riquezas sin par a Roma, haciéndole ya un enemigo imbatible para los antiguos optimates. Además la campaña de Partia tenía un carácter simbólico, ya que según antiguas leyendas, Partia solo podría ser conquistada por un rey. Los traidores consideraban como su única oportunidad el evitar que César saliera de Roma. La conspiración, dirigida por Casio, y en la que se vio envuelto Bruto, estaba compuesta por diversos senadores que se llamaban a sí mismos Liberatores. Decidieron que debían asesinar a César en el Senado, donde se encontraría solo, ya que únicamente los senadores tenían derecho a penetrar en el recinto. En los Idus de Marzo del año 709 (o 711 según diferentes cómputos) desde la Fundación de Roma, que corresponde al 15 de marzo (o 14 según diversos cálculos) 44 a.n.e. un grupo de senadores llamaron a César al foro con el propósito de leer una petición en la que se le pediría que devolviera el poder al Senado. Marco Antonio que albergaba sospechas debido a la confesión de uno de los "liberatore", Servilio Casca, y temiendo lo peor, trató de detener a César situándose en los escalones del foro. Los conspiradores interceptaron a César cuando pasaba frente al Teatro de Pompeyo y lo llevaron a una sala al lado del pórtico este del Senado. Marco Antonio esperó en vano. Cuando César empezó a leer la petición, el ya mencionado Casca tiró de la túnica de César y dirigió una mirada terrible al cuello de Julio. César se volvió con rapidez, cogió a Casca por el brazo mientras gritaba "Casca, villano, ¿qué haces?" Casca, aterrorizado, llamó a los demás traidores gritando en griego "Ayuda, hermanos." En apenas unos momentos, todo el grupo de conspiradores, incluyendo a Bruto, se abalanzaron sobre César apuñalándole con saña. César trató de escapar, pero cegado por la sangre que le corría por el rostro, tropezó y cayó; mientras los senadores seguían apuñalándole, ya indefenso, en los escalones del pórtico. Según Eutropio, alrededor de sesenta senadores participaron en el asesinato. Las últimas palabras de César no se conocen con certeza, y siguen siendo motivo de investigación entre los historiadores. Suetonio afirma que sus últimas palabras la pronunció en griego (transliterado: Kai su, teknon) καί σύ τέκνον (Tú también, niño) dirigiéndose a Bruto. Plutarco, por el contrario, afirma que César no dijo nada, simplemente se echó su toga sobre la cabeza cuando vio que Bruto estaba entre los asesinos. En cualquier caso, tras el asesinato, los senadores dejaron el edificio hablando animadamente entre ellos, y Bruto gritó a los romanos que allí se congregaban, "Pueblo de Roma, somos otra vez libres." Sin embargo, este no fue el final de la historia, ya que el asesinato de César provocó una nueva guerra civil en la que Marco Antonio y Octaviano se enfrentaron al Senado, buscando la venganza del divino Julio, y el poder sobre Roma. La muerte de César significó, irónicamente, el fin de la República Romana, por la supervivencia de la cual, le habían asesinado los senadores. Las clases media y baja de los romanos, para los que César había sido siempre inmensamente popular no aguantaron que un pequeño grupo de aristócratas mataran a su campeón. Marco Antonio pronunció un dramático elogio que apelaba a la gente común a que reflexionara sobre el asesinato de César. Antonio, que en los últimos tiempos se había apartado algo de César, capitalizó el resentimiento de los romanos y amenazó con arengarles contra los optimates. Sin embargo César había nombrado heredero a Octaviano, dándole el nombre de César, por tanto Octaviano era, a todos los efectos el hijo del Gran César, y así heredó la lealtad que a su tío abuelo profesaba el pueblo de Roma. Se formó un nuevo triunvirato, con Octaviano, Marco Antonio, y el leal a César hasta la muerte Lépido, cuya primera decisión fue la deificación de César con el nombre de Divino Julio. Pero comprendiendo que la clemencia de César había resultado finalmente en su muerte, trajeron de vuelta a Roma las persecuciones y la confiscación de bienes de los enemigos, prácticas que había abandonado César como repugnantes. Marco Antonio y Octaviano derrotaron finalmente a Bruto y Casio en Filipo. Aun habría otra guerra civil más, esta vez entre Marco Antonio y Cleopatra por un lado y Octaviano en la otra; este episodio final de la República de Roma terminó con la derrota de Antonio y Cleopatra en Actium y el ascenso de Octaviano al poder absoluto, quien más tarde sería investido como el primer Emperador de Roma. Grande entre los grandes, nuestro tributo a César es, tal vez, demasiado extenso, sin embargo, Él, (¿Quién es él? Pues... vos. Ah, ÉL) representa uno de los espíritus inspiradores de este Walhalla y así obtiene un lugar de honor entre los recordados. ¡Guárdate, oh, lector, de los Idus de Marzo! Enlaces e Información detallada: Obra: |
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